Motivación

El estudio de la motivación describe las causas del inicio y del mantenimiento de las conductas. Debido a la complejidad de este fenómeno y la dificultad de observarlo directamente, su descripción y explicación varía según los diferentes enfoques teóricos. En general se puede decir que la motivación afecta y se compone de un componente emocional, uno cognitivo y/u uno motor, que se constituye y se origina a partir de cambios fisiológicos, conductuales, cognitivos y/o sociales, y que puede dar lugar a deseos, intenciones, expectativas y planes para cubrir necesidades o carencias, buscar el placer o cumplir metas.

Instinto y Etología:

Las publicaciones de Charles Darwin sobre la evolución de las especies inspiraron la idea de que las conductas son causadas por la genética heredada. Definió a los instintos como formas de reaccionar innatas (no aprendidas o por experiencia) que se realizan para vivir y sobrevivir. Describió, por ejemplo, como diversos animales erizan los pelos ante una amenaza para parecer más grandes, o como algunas expresiones faciales humanas se encuentran de manera universal en todas las culturas. Sin embargo, la definición imprecisa del concepto de instinto dio lugar a que a lo largo de los años se identificaran miles de instintos, hasta tal punto que cualquier conducta se consideraba como un instinto específico. Por ello, la ciencia se ha alejado del concepto de instinto y usa el término de conducta innata.

El estudio de las conductas puramente innatas (las no aprendidas) se realiza en la etología. Konrad Lorenz, Nikolaas Tinbergen, Irenäus Eibl-Eiblsfeldt y otros, aún usando el concepto de instinto, describieron las conductas animales (y algunas humanas) y su motivación mediante el patrón de acción fija, que se define como una conducta o respuesta que se realiza de manera automática al encontrar un estímulo. Ejemplos ilustrativos en animales son el seguimiento de las crías de pato al primer ser que ven al salir del huevo o el cortejo y el apareamiento de animales por la recepción de feromonas. En los seres humanos se han encontrado múltiples reflejos primitivos que poseen los recién nacidos y que desaparecen con el desarrollo de la corteza cerebral a los pocos meses con el crecimiento (pueden reaparecer con lesiones corticales). Entre ellos se encuentran el reflejo de natación, de succión, de caminar, etc. Estudios posteriores en anatomía y neuropsicología han mostrado que en realidad las conductas más complejas no pueden explicarse de manera tan simple pues, como descrito en otras entradas en este blog, existen muchas formas de control de los estímulos recibidos y percibidos, y las respuestas emitidas. Por lo tanto, se considera hoy en día que las bases de la conducta y de la motivación son biológicas y que el entorno y el individuo las modulan.

La psicología evolucionista es un paradigma de investigación que, siguiendo la línea de Darwin, defiende que la conducta de los animales (y de los humanos) es el resultado de los milenios de evolución y selección natural, que se transmite por los genes y que se ha desarrollado para garantizar la supervivencia y la reproducción. Por ello, trata de identificar cómo estos influyen, de manera directa o indirecta, en los comportamientos cotidianos. Su interés se ha centrado sobre todo en la investigación de la motivación por el altruismo, el parentesco, el comportamiento sexual y de atracción. Así por ejemplo, William Donald Hamilton propuso una ecuación según la cual el altruismo se rige por la tendencia natural de maximizar la eficacia de la propia genética y los costes a afrontar por ser altruista.

– En el caso del parentesco y la familia, Hamilton defendió, al igual que David Buss, que el altruismo o la ayuda familiar se producen por la probabilidad de aumentar el éxito de supervivencia y de reproducción de los descendientes, y por lo tanto de la propia genética (por ejemplo, un padre trabaja para alimentar a sus hijos, aunque le cueste la salud o vida, porque sus genes prosiguen en sus hijos y en su descendencia). Sin embargo, aunque la relación familiar es importante en la aparición de conductas de altruismo, esta afirmación debe ser tomada con precaución, pues una relación familiar no implica o predice directamente que se de el altruismo o la ayuda.

– Respecto a la crianza de la descendencia, David Buss también afirmó que las madres cuidarían más a sus hijos que los padres por tres posibles razones: La incertidumbre de estos de ser realmente los padres, la libertad de los hombres para irse o estar con otra mujer, y que los hombres pierden más oportunidades de reproducirse si cuidan a los hijos. En la misma línea, Janet Mann presentó un estudio en el que se mostró que las madres parecían tener la tendencia de cuidar más a sus hijos sanos que a los menos sanos de modo inconsciente.

– Por último, en el tema de selección de pareja, sexo y atracción, Robert Trivers defendió que, como en la crianza de la prole ambos padres invierten tiempo y recursos, la motivación de la selección de la pareja se rige por el componente que más tiene que invertir, las mujeres. Estudios posteriores (como en Dixson, 2010) mostraron cómo las mujeres prefieren, entre otras, parejas entrenadas/fuertes, altas, con caracteres físicos masculinos, y los hombres a parejas jóvenes, con un radio de cadera/cintura y un índice de grasa corporal típico, etc. Otros estudios interesantes muestran cómo machos pueden ganar una reputación de buen cuidador en monogamías, sobre todo si es en el cuidado de prole no propia (Smuts & Gubernick, 1992) o cómo las mujeres pueden mostrar interés por hombres mayores porque pueden servir de seguridad económica y existencial (Buss, 1989).

– David Buss además sostiene que los celos (Buss, 2001), la violencia de género o los asesinatos de pareja (Buss, 2006) o la desvaloración de competidores potenciales por la pareja (Buss, 1990) son mecanismos desarrollados en la evolución para controlar a la pareja o aumentar los costes de la separación.

Aprendizaje: (Ver entrada del blog “Aprendizaje”)

Según el condicionamiento clásico existen estímulos que, al ser percibidos, producen una reacción innata (por ejemplo en el caso del placer/dolor). El aprendizaje asociativo de estos estímulos con otros que anteriormente eran neutros (no producían esa respuesta) puede llevar a que se realicen conductas motivadas por la búsqueda o evitación de estos estímulos o de estas respuestas (por ejemplo, no ir en avión por miedo a estrellarse o fobia).

Sin embargo, la situación más ejemplar ocurre con el condicionamiento operante, cuando se aprende que una conducta conlleva cierta recompensa/refuerzo, o un desrefuerzo o castigo. Los refuerzos y desrefuerzos pueden actuar como brújula del comportamiento y del pensamiento que motivan a realizar diversas conductas, o suprimirlas, en búsqueda de un resultado (por ejemplo, la educación de un perro a sentarse para que reciba una galleta, o que un niño limpie su habitación para poder jugar algún videojuego).

En los humanos (al menos) el aprendizaje lleva últimamente a la creación de hábitos, expectativas (si hago algo ocurrirá algo), metas y deseos (deseo agua porque calma la sed), y es parte fundamental de la (des)esperanza.

Motivación primaria organísmica:

La motivación primaria hace referencia a todas las necesidades, apetencias o motivaciones que son innatas, así por ejemplo, es inherente en cualquier especie la búsqueda de placer o de estímulos positivos, y evitar estímulos negativos en lo posible (hedonismo). Asimismo, desde la fisiología se han observado varios fenómenos que ocurren dentro del organismo de un ser vivo y que controlan la extensión o distribución de sus recursos (como agua, glucosa o minerales) para crear y mantener un equilibrio interno estable (denominado homeostasis), y compensar los cambios que ocurren dentro y fuera del cuerpo. En la psicología se emplea este concepto bajo la consideración de que los desequilibrios organísmicos, como la falta de alimento, agua, descanso y sexo, conllevan el surgimiento de pulsiones (término ahora anticuado) o motivación para satisfacer dichas necesidades y volver al estado de equilibrio anterior.

El hambre surge ante un déficit energético de nutrientes, aunque en la ingesta de comida también influyen otros factores como los hábitos, las hormonas y de la situación (por ejemplo, una mayor ingesta de comida al comer con familiares o amigos, o al ver la televisión) que pueden actuar como estímulos o incentivos. Las señales fisiológicas del hambre dependen del nivel de glucosa en sangre: un nivel bajo produce una liberación de glucagón en el páncreas que se convierte en glucosa en el hígado, un nivel alto conlleva la segregación de insulina en el páncreas con la que las células toman glucosa de la sangre. Acto seguido, la información de déficit es recogida en el tronco cerebral y llevada al hipotálamo, desde donde diversas hormonas controladas por la leptina regulan la necesidad y la motivación de la ingesta (mayor por Orexina, Neuropéptido Y y la hormona concentradora de melanina) y el ritmo del metabolismo (mayor por el Péptido CART y la hormona alfa-melanocito-estimulante). Las señales de saciedad dependen de los lípidos, de la liberación de hormonas (como la leptina de los adipocitos del tejido graso y la ghrelina en el estómago), y de los receptores sensoriales mecánicos (de distensión) en el estómago, y químicos en el intestino y el hígado. La información sobre la saciedad se conduce al cerebro por dos vías: por el nervio facial de la lengua, y por el nervio vago que recoge la información de los órganos internos. Hoy en día se investiga la relación entre leptina, ghrelina y obesidad. Porque, aunque es verdad que muchas veces el sobrepeso se deba al consumo exagerado de azúcar, grasa, y a hábitos poco sanos, existen muchos casos en los que un trastorno de estas hormonas y/o la desensibilización de los receptores sensoriales conllevan una ingesta exagerada difícil de controlar. Por otro lado, la anorexia y la bulimia nerviosa tienen un gran componente psicológico y motivacional en la formación de la enfermedad. Finalmente, cabe destacar que para la disminución del peso por una variación de dieta conviene realizar un cambio gradual y a largo plazo de la alimentación, pues dietas que juegan con un déficit de algún tipo de nutriente (dietas bajas en azúcares, bajas en grasa…) y dietas a corto plazo suelen producir un incremento de peso (a veces incluso por encima del peso anterior a la dieta) al terminar. Esto se debe, por ejemplo, a que los receptores sensoriales y hormonales tardan muchos meses en cambiar (Sumithran, Prendergast, Delbridge, Purcell, Shulkes, Kriketos & Proietto, 2011).

En la sed el cuerpo señaliza la falta de hidratación o de sales minerales. Se distinguen dos tipos: La sed hipovolémica que ocurre por pérdida de sangre o de líquido extracelular y es registrada por lo barorreceptores en los vasos sanguíneos, y la sed osmótica, registrada por osmorreceptores en el hipotálamo y los riñones, que consiste en la pérdida de líquido intracelular por la redistribución del agua por un aumento de la concentración de sales minerales o por la eliminación del organismo en forma de orina y sudor (entre otras). Ante la detección de falta de hidratación o de sales minerales, se libera aldosterona (en el sistema renina-angiotensina-aldosterona) en los riñones y vasopresina en la hipófisis para aumentar la presión arterial, retener orina y reabsorber agua. Gran parte del líquido usado en el cuerpo proviene del procesamiento de la comida ingerida, la otra parte proviene de la ingesta de bebidas que son absorbidas en el intestino. La falta de líquido y de sales minerales en el organismo produce deshidratación, que puede causar una gran cantidad de problemas como fatiga, sueño, mareos, dolor de cabeza o dificultades en el habla, y en el peor de los casos la muerte en 3 a 5 días. Otros trastornos de la ingesta o eliminación de líquido son la polidipsia (ingesta excesiva – como puede ocurrir en esquizofrenia y otras enfermedades (Porth, 1990) que puede llevar a una intoxicación de agua (disfunción de los impulsos nerviosos por la disolución excesiva de los sales minerales), la poliuria (excesiva orinación). la adipsia (falta de sed) o la oliguria (poca orinación).

El sueño permite conservar energía y favorece el desempeño del metabolismo, del desarrollo y de la recuperación corporal y del aprendizaje. Como otros mecanismos del organismo (temperatura, hormonas, etc.) sigue un ritmo biológico que se repite cada cierto tiempo (un ritmo circadiano de 24 horas). Es decir, el sueño no es algo que simplemente se active y desactive, sino que es un círculo continuo de fases de sueño y descanso, y fases de vigilia o de arousal elevado (ver arousal en el apartado de “Atención sostenida” en la entrada del blog “Atención”). La iniciación y acumulación del sueño se controla desde el Sistema Activador Reticular Ascendente (SARA) en el tronco del encéfalo, que se interconecta (in)directamente con el mesencéfalo por neurotransmisores (Noradrenalina, Acetilcolina y GABA ), y el hipotálamo y tálamo, que reciben información sobre la luminosidad de la retina y que producen hormonas relacionadas con la atención y la iniciación del sueño (Histamina, Orexina y Melatonina). Otro elemento que se acumula durante la actividad metabólica del glucógeno es la hormona Adenosina, que inhibe la liberación de Dopamina, Acetilcolina y Noradrenalina. Las fases más representativas del ciclo de vigilia y sueño son el estado de alerta (estar despierto), recién dormido (donde comienzan a relajarse los músculos), y el sueño profundo o de ondas lentas (con la máxima relajación) que se intercambia con el sueño ligero REM (Rapid Eye Movement), en el que se dan la mayoría de los sueños y los más intensos. Este ciclo se repite varias veces al estar dormido, disminuyendo la duración de la fase de sueño profundo con cada repetición hasta despertarse (en el sueño REM es al revés). En la depresión ocurre lo contrario, la fase de sueño profundo comienza con poca duración y aumenta cada vez más. Otros trastornos relacionados con el sueño son problemas específicos de las fases, la narcolepsia (sueño repentino incontrolado), apnea (paros respiratorios de segundos y minutos), bruxismo (moler de dientes), hiper/hipo/insomnia (demasiado/poco sueño o no poder dormir) o insomnia familiar letal (incapacidad para dormir).

El sexo hace referencia a las necesidades, apetencias y preferencias eróticas (a menudo aprendidas) que giran entorno al placer relacionado con los actos originalmente destinados a la reproducción. En humanos y primates cercanos no existe una necesidad determinante del sexo (no tiene por qué ser satisfecha obligatoriamente o causar conductas específicas), mientras que en otras especies animales sí lo es (tienen conductas determinadas por las feromonas, para los efectos de los feromonas en humanos ver la parte de “Olfato” en la entrada del blog “Sensación y percepción”). El desarrollo de la sexualidad ocurre primordialmente durante la pubertad (el desarrollo de los aparatos reproductores y los caracteres sexuales secundarios), aunque también los niños suelen mostrar algún tipo de conductas sexuales de manera natural (Friedrich, Fisher, Broughton, Houston & Shafran, 1997). Sobre la atracción, las preferencias y la orientación sexual se ha encontrado que dependen de un componente genético (descrito en el apartado de “Psicología Evolucionista”), de la estructura neurológica (al menos en hetero- y homosexuales hay diferencias cerebrales demostrables), y que influyen el aprendizaje y la cultura (lo considerado erótico depende de la experiencia y del entorno).

– En la fase de excitación sexual ocurre una reacción placentera del sistema límbico (principalmente las áreas de recompensa y el tálamo) a ciertos estímulos, que bien pueden ser físicos en los mecanorreceptores sensibles (caricias), o bien psicológicos (pensamientos, imágenes…). También aumentan la presión arterial y el pulso, y crecen los genitales por la acción del sistema nervioso parasimpático (autónomo) en la médula espinal.

– Durante la fase de meseta se mantiene la excitación en el nivel deseado segregándose sustancias lubricantes en las paredes vaginales y el líquido preseminal.

– En la fase de orgasmo, el sistema nervioso simpático causa contracciones musculares, cambios en los genitales, la eyaculación de semen y la liberación de endorfinas y de oxitocina.

– En el periodo refractario, el sistema sanguíneo vuelve al equilibrio y aumenta la dificultad de estimulación sexual por la recuperación de las células nerviosas.

Entre los trastornos se encuentran las parafilias (fantasías o apetencias sexuales fuera de lo considerado normal), problemas de identidad (con gran componente social), adicción al sexo, disfunción eréctil, eyaculación prematura, anorgasmia, vaginismo (contracción excesiva involuntaria de la vagina), enfermedades transmisibles o malformaciones. En general, cualquier problema psicológico (de estado de ánimo, estrés, enfermedad…) puede manifestarse en problemas sexuales.

La búsqueda del placer (lo positivo) y la evitación del dolor (lo negativo) son otras dos fuentes de motivación primaria que a menudo son parte de otras motivaciones, de las funciones cognitivas en general, las emociones, la conducta y de las actividades que se realizan. Un ejemplo de cómo el placer puede motivar la conducta es la curiosidad, pues la búsqueda y el análisis de estímulos o información nueva conlleva la activación del circuito de recompensa que produce bienestar. El placer y el dolor se nombran juntos porque ambos, aunque tengan mecanismos de acción físicos diferentes (los circuitos neurológicos de recompensa y de dolor, descritos en las entradas del blog “Los componentes del sistema nervioso y sus funciones” y “Sensación y percepción”), pueden darse al mismo tiempo o consistir de lo mismo (por ejemplo, en el sadomasoquismo). Psicológicamente sólo hay que añadir que los pensamientos y recuerdos asociados al sistema límbico o al circuito del dolor pueden producir casi el mismo efecto de dolor o placer que un estímulo físico, pero sin que esté presente. Así, se ha encontrado que las emociones sociales fuertes, como por la muerte de seres queridos o la separación, pueden activar las mismas zonas de dolor que el dolor físico (Henningsen, Gündel & Ceballos-Baumann, 2006), o que podemos sentir el dolor de otros por empatía (Lamm, Decety & Singer, 2011). Es de esperar, que lo mismo ocurra con el placer.

Motivación secundaria social:

La motivación secundaria o social surge durante el desarrollo como persona en relación con el entorno social y los incentivos que ofrece.

El motivo de autodeterminación o autonomía es poder elegir qué, cómo y cuándo hacer algo, sin las restricciones impuestas desde el propio individuo o el entorno. Se considera fundamental para garantizar el mejor desarrollo del potencial de una persona para que sea independiente. El rendimiento en tareas y metas elegidas de manera propia es mayor que en tareas impuestas.

El motivo de afiliación es la necesidad de establecer y mantener relaciones positivas y afectivas con una o varias personas. Se ancla a un miedo de rechazo social (se convierte en necesidad cuando hay carencia de relaciones). Puede darse también como necesidad de relaciones íntimas de cercanía. Se afirma que su origen está en el desarrollo del apego en la infancia (ver entrada del blog “Psicología evolutiva”).

El motivo de logro o competencia se define como la búsqueda de éxito en la competición con otros, un criterio de excelencia o en una situación, y permite realizar tareas, no demasiado difíciles o arriesgadas, con energía y perseverancia. Influye en el rendimiento profesional, el emprendedurismo y en la innovación.

El motivo de poder hace referencia al control o la influencia que se quiere tener sobre el entorno y los demás para poder cambiarlo. Personas con alta motivación de poder pueden ser más agresivas y asertivas, y también actúan más como líderes.

Intrínseco vs Extrínseco:

En la psicología se han descrito dos orígenes de la motivación desde el punto de vista del lugar de dónde sale. Sin embargo, en la mayoría de las situaciones, se dan los dos tipos de manera mezclada. Así, un videojuego ofrece una posibilidad de exploración y de descubrimiento (motivación intrínseca), al igual como recompensas por cumplir, por ejemplo, con misiones (motivación extrínseca). En concreto:

– La motivación intrínseca hace referencia a aquella que surge dentro del propio individuo por el mero hecho de alcanzar placer o bienestar, satisfacer alguna necesidad o cumplir un reto o con los propios valores y creencias (un ejemplo es trabajar por vocación).

– La motivación extrínseca hace referencia a aquella que se dirige a alcanzar alguna recompensa, evitar algo impartido desde fuera del individuo, cumplir con lo que se espera de uno o con los valores y creencias de otro (un ejemplo es trabajar por dinero).

Cabe destacar que, en casos, es posible que se reemplazo de la motivación intrínseca (tocar un instrumento por gusto) por motivación extrínseca (seguir tocando el instrumento por dinero) cuando se comience a recibir recompensas o incentivos desde fuera. El hecho contrario (cambiar motivación extrínseca por intrínseca) es más difícil o improbable de darse.

Referencias:

– La información esencial sobre las perspectivas del estudio de la motivación ha sido abstraída del libro “¿Por qué hacemos lo que hacemos? Dimensiones básicas de la motivación humana.” de los Profesores de la Universidad de La Laguna Elena Rosa Gámez Armas e Hipólito Marrero Hernández.

– La información esencial sobre las bases neurológicas y biológicas de la motivación organísmica se ha abstraído de la “Guía Didáctica de Psicología Fisiológica” de los Profesores de la Universidad de La Laguna Enrique Burunat Gutiérrez, Sergio Hernández Expósito y Rosa María Arévalo García.

– Buss, D.M. (1989). Sex differences in human mate preferences: Evolutionary hypotheses tested in 37 cultures. In: Behavioral and Brain Sciences. 12, 1–39.doi:10.1017/S0140525X00023992.

– Buss, D.M. (2000). Dangerous Passion: Why Jealousy Is As Necessary As Love and Sex. Diane Pub Co. ISBN 978-0-7567-6548-4, S. 258.

– Buss, D.M. (2006). The Murderer Next Door: Why the Mind Is Designed to Kill. Penguin. ISBN 978-0-14-303705-7, S. 288.

– Buss, D.M., Dedden, L. (1990): Derogation of competitors. In: Journal of Social and Personal Relationships. 7, 395–422. doi:10.1177/0265407590073006.

– Dixson, B.J.W. (2010). Sexual Selection and the Evolution of Human Physique. Doctoral Thesis of Philosophy in Ecology and Biodiversity. Victoria University of Wellington. 251.

– Friedrich, W.N., Fisher, J., Broughton, D., Houston, M., Shafran, C.R. (1998). Normative Sexual Behavior in Children: A Contemporary Sample. Pediatrics, Vol. 101 No. 4, pp. e9

– Henningsen, P., Gündel, H., Ceballos-Baumann, A. (2006). Neuro-Psychosomatik – Grundlagen und Klinik neurologischer Psychosomatik. Schattauer GmbH, Stuttgart 2006, ISBN 978-3-7945-2378-8, S. 19-22

– Lamm, C., Decety, J., Singer, T. (2011). Meta-analytic evidence for common and distinct neural networks associated with directly experienced pain and empathy for pain. Neuroimage, 54(3):2492-502.

– Porth, C. M. (1990). Pathophysiology: Concepts of altered health states. Philadelphia: J.B. Lippincott Company.

– Smuts, B.B., Gubernick, D.J. (1992). Male-infant relationships in nonhuman primates: paternal investment or mating effort?. In: Barry S. Hewlett (Hrsg.): Father-Child Relations: Cultural and Biosocial Contexts. Aldine De Gruyter, New York 1992, ISBN 0-202-01188-7, S. 1–30

– Sumithran, P., Prendergast, L.A., Delbridge, E., Purcell, K., Shulkes, A., Kriketos, A., Proietto, J. (2011). Long-Term Persistence of Hormonal Adaptations to Weight Loss. New England Journal of Medicine; 365:1597-1604 doi: 10.1056/NEJMoa1105816

Aprendizaje

El aprendizaje es un mecanismo de adaptación al ambiente y al entorno que funciona por un cambio biológico y/o neurológico en el desarrollo del cuerpo, la conducta los conocimientos y las habilidades de un ser vivo mediante la práctica, experiencia o el mero impacto desde fuera.

– Desde el punto de vista biológico, el cuerpo puede sufrir diversos cambios en los órganos, las células y en la traducción de los genes (por ejemplo, al fumar hay cambios en el pulmón que mejoran la adaptación al humo, o con el deporte se fortalecen los músculos y huesos de manera más o menos duradera).

– Desde el punto de vista neurológico puede haber diversas modificaciones en las neuronas, las células gliales y sus conexiones (plasticidad neuronal). Así, el modelo sináptico del aprendizaje sostiene que durante el aprendizaje ocurre una transformación en la liberación y recepción de neurotransmisores en las sinapsis (en especial, acetilcolina, noradrenalina y dopamina), y en la calidad y cantidad de las conexiones entre ellas (la potenciación a largo plazo – conexión fortalecida entre neuronas). Fisiológicamente se observa una hiperpolarización temporal de las membranas neuronales por la acción del potasio y la bomba sodio-potasio. Y, por último, en la formación de la memoria a largo plazo, aumenta la síntesis de proteínas específicas dentro de las células.

Existen dos paradigmas teóricos importantes en la explicación psicológica de cómo funciona el aprendizaje:

– El conductismo ignora las variables psicológicas o mentales que pueden existir y mediar dentro de un individuo y afirma que nuestro aprendizaje y nuestra conducta son una respuesta a los estímulos percibidos y sus consecuencias. Abarca el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante o instrumental, que son explicados en el apartado de aprendizaje asociativo.

– El cognitivismo (apoyado en el constructivismo), a cambio, se dirige a los procesos mentales del individuo y considera que la base de los pensamientos y el aprendizaje son esquemas mentales que se enriquecen con detalles y características (conocimiento). Este enfoque se explica en el apartado de aprendizaje complejo.

Finalmente, cabe destacar que es importante tener en cuenta el momento evolutivo de la persona para explicar los tipos de aprendizaje. De acuerdo con la entrada de “Psicología Evolutiva”, en la infancia predomina un aprendizaje de condicionamiento. Con la formación del pensamiento lógico o formal, que culmina con el pensamiento deductivo, el inductivo y la capacidad de manejar conceptos y su transformación de manera mental, adquiere mayor valor el aprendizaje complejo.

Aprendizaje perceptivo:

Consiste en cambiar las capacidades de la percepción de la información sensorial de manera más o menos permanente, como lo puede ser la discriminación o diferenciación de estímulos (empezar a reconocer detalles o patrones en imágenes y el entorno, o diferenciar sonidos) o la agrupación de información para un mejor procesamiento (el reconocimiento de patrones de fichas en ajedrez como imagen propia y no como fichas sueltas (De Groot, 1965) o el reconocimiento de palabras como entidad y no como unión de letras (Wheeler, 1970), lo que permite una lectura más veloz por la ruta ortográfica del procesamiento del lenguaje). Este efecto se puede observar, además de los ejemplos anteriores, en la capacidad de diferenciación de vinos o cervezas (Peer & Allen, 1988), la atribución de caras a etnias (Shapiro & Penrod, 1986), la identificación de tumores en imágenes de rayos X (Biederman & Shiffrar, 1987) o el uso del sonido como guía de orientación en personas ciegas y videntes (ecolocalización – expuesto en el apartado de “Oído” en la entrada de “Sensación y percepción”). Por lo tanto, el aprendizaje perceptivo es de vital importancia en la adquisición y especialización de la percepción, el desarrollo de capacidades como el lenguaje o la música y tiene un gran impacto en los aprendizajes de más complejidad. La base neurológica se sitúa, al menos, en las áreas primarias de las modalidades sensoriales.

Aprendizaje motor:

Hace referencia al dominio de la motricidad del cuerpo (el uso del esqueleto y los músculos) y secuencias de movimiento específicas (deportes, bailes, ir en bici, tocar un instrumento, artesanía, etc.). Este aprendizaje ocurre por ensayo y error (por ejemplo, los bebés que tratan de coger objetos y fallan hasta lograrlo), imitación/observación (se expone en el apartado de aprendizaje por observación) o como propuesta voluntaria (planificación, aprendizaje asociativo y el alcance de la automatización del movimiento (Lee & Schmidt, 1999)), y es relativamente estable a lo largo del tiempo. Se han encontrado correlatos neuronales en los ganglios basales del cerebro (el putámen y el globo pálido), el córtex motor y el cerebelo.

Aprendizaje no asociativo:

Es un cambio primitivo temporal, o a veces permanente, en la forma de reaccionar ante estímulos específicos, que no corresponde con el aprendizaje perceptivo, lesiones de neuronas, cansancio o fatiga (que disminuye el rendimiento y el aprendizaje de manera global). Este cambio depende de la liberación de neurotransmisores y los consecuentes cambios en los impulsos nerviosos, y modificaciones estructurales en las interneuronas (que conectan las neuronas sensoriales y motoras con el cerebro) en la médula espinal, la corteza visual y auditiva, y la formación reticular. Se han descrito dos fenómenos:

– La habituación consiste en la disminución gradual y/o pérdida de respuesta ante un estímulo percibido que se presenta varias veces (Bouton, 2007) y que no posee significado o no es relevante (por ejemplo, la pérdida de interés y de percepción de un sonido o ruido que se repite o de un animal que no es amenazante). En humanos se observa este fenómeno por ejemplo en la ingesta de comida. La monotonía o variación de la comida influye en la cantidad ingerida (Raynor & Epstein, 2001). A corto plazo se debe a una disminución de los impulsos nerviosos (potenciales de acción excitatorios). A largo plazo hay una disminución de las zonas activas en las membranas neuronales y menos vesículas sinápticas que transportan neurotransmisores.

– La sensibilización es un aumento progresivo de respuesta a un estímulo repetido y estímulos relacionados (Shettleworth, 2010). Se debe a la acción de interneuronas facilitadoras que refuerzan a los impulsos nerviosos de las neuronas sensoriales y motoras. De tal modo, por ejemplo, un estímulo posiblemente nocivo permite una reacción fuerte para evitarlo (al contrario de la reacción débil de la primera vez que ha sido percibido). Se investiga si este fenómeno participa en el síndrome de la fibromialgia, y trastornos como el trastorno por estrés postraumático, ataques de pánico (Rosen & Schulkin, 1998) y los trastornos del estado de ánimo (depresión, trastorno bipolar, etc, (Post, 1992))

Aprendizaje asociativo:

Se explica y describe mediante el conductismo y comprende cualquier aprendizaje en el que se asocien reacciones, respuestas o conductas a ciertos estímulos. Contiene una gran participación de la amígdala pues principalmente se asocia la información con su significación agradable o desagradable. Principalmente no origina conductas nuevas, sino que extiende las ya existentes a otras causas o situaciones, aunque por una aproximación indirecta es posible desarrollarlas.

– El condicionamiento clásico (clásico porque fue el primero descrito) es la asociación de un estímulo que anteriormente no era importante (como un sonido, un olor, movimientos, situaciones…) a un estímulo sí importante (como una necesidad biológica o placer/dolor) y la respuesta a él. Hay que tener en cuenta que estas respuestas son automáticas, pasivas e involuntarias del organismo, y que pueden ser apetitivas (acercamiento al estímulo) o aversivas (alejamiento). El ejemplo más ilustrativo de este aprendizaje es el experimento del fisiólogo ruso Iván Pávlov de cuando investigó la salivación de perros. El hecho normal era que los perros salivaran ante la presencia o ingesta de comida, sin embargo, observó que podía iniciar la salivación cuando tocaba una campana antes de dar los alimentos. Por lo tanto, el estímulo neutro (campana) se asoció al estímulo natural (incondicionado – comida) y la respuesta natural (incondicionada – salivación) de tal modo que la campana producía la salivación sin que fuera necesaria la presencia de la comida (obteniéndose un estímulo condicionado y una respuesta condicionada).

Las diferencias principales entre la respuesta condicionada y la incondicionada son que la primera tarda más en iniciarse, es menos fuerte y que es una anticipación (no una reacción). Además, para que se de este emparejamiento es necesario que los estímulos ocurran de manera junta o continua en el tiempo. También puede darse un condicionamiento de segundo orden cuando se asocian otros estímulos neutros a estímulos ya condicionados. Por último, la presentación repetida del estímulo condicionado con falta del estímulo original o incondicionado conlleva la extinción progresiva de la respuesta condicionada, aunque puede darse una recuperación cuando se presenta después de un tiempo de descanso.

Problemático se hace este tipo de aprendizaje cuando se asocian, generalizan o discriminan estímulos que en principio no son amenazantes o peligrosos, como ocurre en fobias, trastornos de ansiedad, conductas de evitación o compulsivas, dependencias y trastornos sexuales. Así por ejemplo, el poder de este condicionamiento se observa en los casos de muerte por sobredosis de personas que consumen drogas en entornos o situaciones nuevas. A falta del entorno o de la situación condicionada o conocida, que funcionaba como preparación y anticipación del cuerpo al consumo de drogas, el organismo se ve sobrecargado por la misma cantidad y colapsa.

Como terapia se usa este mecanismo mediante el control de los estímulos que causan respuestas indeseadas, la técnica de inundación (presentación del estímulo condicionado hasta que se extinga la respuesta condicionada – funciona en miedos, aversiones, obsesiones y compulsiones), la desensibilización sistemática (exposición gradual del estímulo condicionado impidiendo, con relajación o distracción, o reemplazando la respuesta condicionada con una incondicionada agradable) y terapia aversiva (la conversión de respuestas apetitivas, como en adicciones, en aversivas por la presentación del estímulo condicionado junto a uno incondicionado desagradable).

– El condicionamiento operante o instrumental muestra qué, dónde y cuándo realizar una conducta, y recibe este nombre porque trata de un aprendizaje en el que se asocian conductas, respuestas o acciones con sus consecuencias, de modo que se aumentan o disminuyen dichas conductas para anticipar, buscar o evitar sus consecuencias (se usan como instrumento para obtener o evitar algo). Las consecuencias, por tanto, también son estímulos, y pueden ser buenos, positivos o apetitivos (reforzadores) o malos, negativos o aversivos (desreforzadores). A diferencia del condicionamiento clásico, que se dedica a la asociación de estímulos-respuestas automáticas involuntarias, este tipo influye en el control que se realiza después de una respuesta para aumentar o inhibirla de manera voluntaria. Un ejemplo es el uso de comida como premio para conductas bien hechas por un perro (recibe algo que le gusta por sentarse).

Para que se de este aprendizaje es necesario que se presenten las consecuencias junto a las respuestas o justo después, no más tarde (como ocurre en la educación errónea de animales y niñ@s), para que ocurra una asociación causal. Además, la realización repetida de una respuesta con falta de refuerzo produce la extinción de la respuesta (después de un primer incremento de la conducta como un último esfuerzo para obtenerlo).

El mecanismo neurológico más importante que subyace el refuerzo es la vía dopaminérgica del sistema activador reticular ascendente (SARA), aunque también participan la corteza prefrontal, los ganglios basales, y por supuesto, la amígdala. Al obtener recompensas se activa la liberación de dopamina, catecolaminas y opiáceos. Estos circuitos también se activan con drogas como la heroína, cocaína, anfetaminas, nicotina, cafeína y alcohol.

Por la unión de las consecuencias y las respuestas surgen cuatro tipos de aprendizaje operante: Un aumento de la conducta por una recompensa (refuerzo positivo), una disminución de una conducta por un castigo (desrefuerzo positivo), un aumento de una conducta por evitación o huida de una consecuencia desagradable (refuerzo negativo) o una disminución de la conducta por omisión de un refuerzo que antes se obtenía (desrefuerzo negativo). Un ejemplo de este último caso es no dar el premio a un perro cuando en vez de sentarse se acuesta. Hay que tener en cuenta que el castigo es la peor forma de educación por su impacto emocional, en la confianza, autoestima y la familia. Es mejor premiar conductas deseadas o bien hechas.

Como terapia se usan los refuerzos y desrefuerzos para establecer o aumentar conductas deseables o disminuir conductas de adicción, evitación o socialmente inadecuadas, especialmente en niñ@s y animales. Un ejemplo es la economía de fichas, el uso de fichas como moneda obtenible que puede canjearse por reforzadores (limpiar el cuarto para obtener cinco puntos que pueden canjearse por una hora de juego a videojuegos).

Aprendizaje complejo:

En el aprendizaje complejo se combinan los tipos de aprendizaje anteriores, con la participación de las cogniciones (las facultades psicológicas del cerebro, como pensamiento, razonamiento, lenguaje, motivación, etc.) y metacogniciones (el control de las facultades anteriormente dichas). Desde el cognitivismo se ha estudiado principalmente a lo que influye en la adquisición de conocimiento como lo son la codificación, el almacenaje y la recuperación de la información en la memoria en forma de esquemas, suma de detalles, conceptos o características o cambios en los propios esquemas, la organización de información, estrategias de aprendizaje y la conexión de lo aprendido con lo ya conocido (aprendizaje significativo).

– Aprendizaje repetitivo o memorístico: Consiste en el almacenaje de conocimiento sin conectarlo con lo que se conoce o incluso sin comprenderlo. Se suma información con un gran uso de la memoria a corto plazo. Entre las ventajas que posee están la acumulación rápida de información, un posible descubrimiento de relaciones y de significado a posteriori (después) y el enriquecimiento de conceptos ya aprendidos con datos formales. Entre las desventajas se encuentra que gran parte del fracaso escolar se debe al uso masivo de éste método, su consecuente frustración y la disminución de la motivación por el aprendizaje.

– Aprendizaje por observación: Bandura (1971) puso especial interés en la socialización de las personas (la adopción de las normas y relaciones sociales, y la formación de la identidad) y propuso que existe un aprendizaje, sin refuerzos, por mera imitación de las conductas observadas de los demás, que sirven como modelo. Es una buena fuente de conductas nuevas y funciona incluso mejor observando errores o consecuencias de los comportamientos de otros. Este proceso ocurre en cuatro fases, puesta de atención en lo que ocurre, retención en la memoria (con una posible reproducción mental), la iniciación y capacidad motora, y la realización y consolidación (con especial importancia de la motivación).

Una gran evidencia a favor de esta teoría es el descubrimiento de neuronas espejas (y sus circuitos) por Di Pellegrino, Fadiga, Fogassi, Gallese & Rizzolatti (1992). Describieron ciertos patrones de acciones de neuronas que reproducen lo visto en otros como si lo hiciera el propio individuo. Se han encontrado sobre todo en la corteza frontal inferior motor y el lóbulo parietal superior (Iacoboni, Woods, Brass, Bekkering, Mazziotta & Rizzolatti, 1999) y desde entonces se ha discutido sobre su influencia en el aprendizaje, el desarrollo del lenguaje, la identificación de las intenciones de los demás, la empatía (el sentir lo mismo que los demás), etc.

Generalizando esta capacidad a cualquier clase de input sensorial también se explica cómo somos capaces de aprender de manera visual a partir de gráficas, mapas, diagramas o símbolos, o con la audición.

– Aprendizaje por descubrimiento o inducción: La inducción es la propuesta de hipótesis sobre qué, cómo o cuando ocurre algo, o cómo solucionar un problema. Mediante la práctica, el descubrimiento y la investigación se ponen a prueba dichas propuestas y se acumula conocimiento. Bruner (1988), siguiendo la línea de Vygostky, propone que en la educación los profesores deben cumplir una función de andamiaje o facilitadora para que los alumnos desarrollen sus propias habilidades y sus conocimientos de manera activa a partir de su investigación, la curiosidad, la exploración, la manipulación de las cosas y experiencia. El conocimiento se adquiriría a partir de un núcleo central que se expande con detalles y conceptos en forma de enseñanza en espiral (cada vez más difícil y más detalles). Un ejemplo es un experimento en clase con un recipiente de agua para averiguar cómo funciona el Principio de Arquímedes para la densidad de cuerpos.

– Aprendizaje expositivo-significativo o por deducción: La deducción es sacar conclusiones a partir de la información que se recibe o conoce. Ausubel (1976), siguiendo la línea de Piaget, señala la importancia que tienen en la educación el aprendizaje de conceptos amplios (leyes o principios) que permiten la deducción o explicación de conceptos inferiores (por ejemplo, la enseñanza de las leyes de la mecánica de Isaac Newton para la deducción posterior de cómo estas leyes influyen en la vida real) y la conexión de la información nueva con el conocimiento que ya se posee para facilitar la asimilación y la formación de aprendizaje duradero. Para ello, conviene la organización o estructuración del contenido en una introducción (en la que se exponen los conceptos amplios que se enseñarán y que deben abarcar la información que vendrá posteriormente), el consecuente desarrollo del temario, y, por último, la elaboración de una conclusión en la que se recapitula y resume lo que se ha expuesto.

Por último, vale mencionar que para un mejor aprendizaje y para que la información adquiera más significación es conveniente organizar la información por esquemas, diagramas, enumeración o agrupación de ideas…; la selección de la información importante por títulos, resúmenes y el subrayado; y la relación entre conceptos por mnemotécnias, autopreguntas, elaboración de cuentos o anécdotas, visualización de imágenes, etc.

Referencias:

– La información esencial sobre los tipos de condicionamiento ha sido abstraída del libro “Aprendizaje y condicionamiento: Conocimiento y conducta” de los Profesores de la Universidad de La Laguna Manuel Gutíerrez Calvo, María Dolores Castillo Villar y Adelina Estévez Monzo.

– La información esencial sobre las bases neurológicas y biológicas del aprendizaje se ha abstraído de la “Guía Didáctica de Psicología Fisiológica” de los Profesores de la Universidad de La Laguna Enrique Burunat Gutiérrez, Sergio Hernández Expósito y Rosa María Arévalo García.

– La información esencial sobre el aprendizaje por descubrimiento y el expositivo-significativo se ha abstraído de apuntes del Profesor de la Universidad de La Laguna Ramón Aciego de Mendoza Lugo.

– La información esencial sobre la organización, selección y relación de información en el aprendizaje significativo se ha abstraído de apuntes del Profesor de la Universidad de La Laguna Luis Alberto García García.

– Ausubel, D.P. (1976). Psicología educativa: Un punto de vista cognitivo. México: Trillas {V.O.: Educational psychology. A cognitive view. New York: Holt, Rinehart and Winston, 1968}.

– Bandura, A. (1971). “Psychological Modelling”. New York: Lieber-Antherton

– Biederman, I. & Shiffrar, M. M. (1987). Sexing day- old chicks: a case study and expert systems analysis of a difficult perceptual-learning task. Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory and Cognition, 13, 640–45. doi:10.1037/0278-7393.13.4.640

– Bouton, M.E. (2007). Learning and behavior: A contemporary synthesis. MA Sinauer: Sunderland.

– Bruner, J.S. (1988). Desarrollo cognitivo y educación. Morata (selección de textos por Jesús Palacios).

– De Groot, A.D. (1965). Thought and choice in chess. The Hague, Netherlands: Mouton.

– Di Pellegrino, G., Fadiga, L., Fogassi, L., Gallese, V., & Rizzolatti, G (1992). Understanding motor events: a neurophysiological study. Experimental Brain Research, 91, 176-180.

– Iacoboni, Marco; Woods, Roger P.; Brass, Marcel; Bekkering, Harold; Mazziotta, John C.; Rizzolatti, Giacomo (1999). “Cortical Mechanisms of Human Imitation”. Science 286 (5449): 2526–2528.doi:10.1126/science.286.5449.2526PMID 10617472.

– Lee, T. D. & Schmidt, R. P. (1999). Motor control and learning: a behavioral emphasis. Champaign, IL: Human Kinetics. ISBN 0-88011-484-3.

– Peron, R.M. & Allen, G.L. (1988). Attempts to train novices for beer flavor discrimination: a matter of taste. Journal of General Psychology, 115, 403-418. doi:10.1080/00221309.1988.9710577

– Post, R.M. (1992). “Transduction of psychosocial stress into the neurobiology of recurrent affective disorder”. Am J Psychiatry 149(8): 999–1010, PMID 1353322.

– Raynor, H. A. & Epstein, L. H. (2001). “Dietary variety, energy regulation, and obesity”Psychological Bulletin 127 (3): 325–341. doi:10.1037/0033-2909.127.3.325.

– Rosen, J.B. & Schulkin, J. (1998). “From normal fear to pathological anxiety”. Psychol Rev 105(2): 325–350, doi:10.1037/0033-295X.105.2.325 PMID 9577241.

– Shapiro, P.N. & Penrod, S.D. (1986). Meta-analysis of face identification studies. Psychological Bulletin, 100, 139-56. doi:10.1037/0033-2909.100.2.139

– Shettleworth, S. J. (2010) “Cognition, Evolution and Behavior” (2nd Ed) New York:Oxford

– Wheeler, D. D. (1970). Processes in the visual recognition of words (Doctoral dissertation, University of Michigan, 1970). Dissertation Abstracts Internationals, 31(2), 940B.

Memoria

La memoria es el mecanismo neurológico por el cual es posible almacenar información del pasado, presente y futuro en el cerebro. Es la base del aprendizaje, los recuerdos, el reconocimiento de cosas, lugares o situaciones familiares, de nuestras experiencias y expectativas, y de nuestra identidad. Desde la recepción de la información sensorial, ésta es codificada durante la percepción para permitir su almacenaje en las respectivas áreas cerebrales de la memoria.

Atkinson y Shiffrin (1968) propusieron tres componentes principales:

Memoria sensorial:

Es el almacén de la información sensorial en su estado puro que se sitúa de manera específica en la corteza cerebral según su modalidad sensorial (la memoria sensorial de la visión se encuentra en el lóbulo occipital, la fonológica y espacial en el lóbulo parietal, etc.). No puede ser entrenada ni modificada voluntariamente o por la atención. Tiene una capacidad ilimitada por la corta duración de las presentaciones (la información se mantiene entre 100 y 500ms según la modalidad) que decaen y son reemplazados rápidamente si el estímulo recibido no continúa. La percepción se realiza a partir de estos registros y la atención juega un papel importante en su interpretación, su evocación a la consciencia y su paso a la memoria a corto plazo y la de trabajo.

Memoria a corto plazo:

Es el tipo de memoria que mantiene una cierta cantidad de información percibida, seleccionada o recordada durante un tiempo máximo de unos 15-30 segundos, de ahí memoria a corto plazo (MCP). No se conoce con certeza la localización biológica y neurológica pero su funcionamiento depende de la hiperpolarización de las neuronas por cambios en la conducción del potasio o de la misma bomba sodio-potasio, y de cambios en las conexiones sinápticas ya existentes entre las neuronas. Se sostiene que tiene una capacidad alrededor de siete unidades de información (por ejemplo, recordar siete números de una lista numérica) más/menos dos según la motivación, el estado de vigilia o arousal, la atención, las expectativas, etc. La representación mental (cómo recordamos) es principalmente acústica. Sus elementos decaen con el tiempo o son reemplazados por otros.

Memoria a largo plazo:

En la memoria a largo plazo (MLP) se almacena la información relevante y aprendida mediante la síntesis de proteínas duraderas (Kandel, 2009) y la formación de interconexiones neuronales en diversas regiones cerebrales (según el tipo de memoria). Por lo tanto, posee una capacidad de recuerdo y reconocimiento ilimitada, una duración muy larga (y requiere tiempo de formación) y se representa de manera organizada (según el cognitivismo en esquemas). Puede potenciarse mediante modulación colinérgica (el aumento de acetilcolina) y catecolaminérgica (dopamina y noradrenalina) o estrategias de memorización o de aprendizaje (mnemotecnias, repetición, organización, etc.). Se han encontrado diferentes tipos según la información que guardan y su localización:

– MLP procedimental, implícita o inconsciente: Guarda información relacionada con el aprendizaje motor (ir en bici, unión córtex-ganglios basales-cerebelo), habilidades adquiridas y hábitos (en el núcleo estriado), reflejos y habituación o sensibilización a estímulos, aprendizaje perceptivo (cómo percibimos, en el neocórtex) y el condicionamiento clásico (la relación de un estímulo con su respuesta o consecuencia inmediata, en unión a la amígdala (si es emocional) o el cerebelo (si es motor)). Es decir, contiene todo lo aprendido con qué y cómo hacer algo.

– MLP declarativa, explícita o consciente: Abarca la información que puede ser evocada de manera consciente como el lenguaje (memoria semántica), y hechos y eventos (memoria episódica). Además puede ser dividida en memoria retrospectiva (sobre episodios pasados recientes o remotos) y memoria prospectiva (que contiene metas, planes e intenciones relacionadas con el futuro, relacionada con la retrospectiva y la percepción del tiempo). Su localización neurológica se sitúa sobre todo en el hipocampo (forma nuevas memorias), la corteza perirrinal, la zona parahipocampal, el lóbulo temporal medial, y partes del diencéfalo, aunque se puede encontrar por toda la corteza, pues lesiones o extirpaciones quirúrgicas de alguno de los componentes anteriores no conllevan la pérdida de memoria total. La amígdala participa en la formación de la memoria con componente emocional.

Memoria operativa o de trabajo:

Para explicar mejor el uso de la memoria en el pensamiento y en la vida cotidiana Baddeley y Hintch (1974) introdujeron el término de memoria operativa o de trabajo, que se relaciona estrechamente con la MCP, la MLP, la atención, consciencia y otras funciones cognitivas, y que consiste en manejar y mantener información nueva o recordada transitoria para manipularla (por ejemplo, cuando pensamos en cómo decir algo). Está basado en la corteza frontal y posee conexiones con el resto del cerebro. Consta de cuatro partes:

– El bucle articulatorio recupera y/o procesa y mantiene la información fonológica (los sonidos) y la conversión grafema (letra) – fonema (sonido) del lenguaje. Se relaciona mayoritariamente con el hemisferio izquierdo.

– La agenda visoespacial procesa y mantiene la información visual y espacial (como formas, colores, profundidad y el movimiento por el espacio). Crea imágenes mentales y participa en la desenvoltura por el espacio y el movimiento con precisión (por ejemplo, coger un vaso) y la manipulación mental de planos y la orientación. Se relaciona con el hemisferio derecho.

– El regulador episódico (Baddeley, 2003) combina la información visual, espacial y verbal con la secuenciación u ordenación temporal. Crea episodios más fáciles de procesar y de recordar.

– El ejecutivo central gestiona los sistemas anteriores, los recursos cognitivos disponibles y cumple una función de control (como por ejemplo, de la atención o de la metacognición (la autopercepción y el autocontrol de las propias funciones cognitivas)). Se concentra en las áreas frontales.

Recuperación y olvido:

Los recuerdos no se forman de manera reproductiva y pasiva, son reconstrucciones dinámicas en las que influyen varias variables como la experiencia. Por ésto, los problemas de recuperación y el olvido son relativamente fáciles de aparecer.

Ebbinghaus (1885) descubrió una curva del olvido que muestra cómo la información sin significado es olvidada poco a poco a lo largo del tiempo (a los 20 minutos sólo se recuerda un 60%). Desde entonces se han propuesto diversas teorías que tratan de explicar cómo se origina el olvido. En resumen, la estabilidad de un recuerdo depende de la fuerza de las conexiones neuronales (resistencia al decaimiento o cambio por el paso del tiempo), la inhibición de la formación o evocación de recuerdos por información pasada, nueva o parecida, y la accesibilidad del contenido. Un efecto curioso es el mayor olvido de experiencias negativas (mientras que no sean traumatizantes) y la prevalencia de recuerdos positivos sobre el pasado (antes todo era mejor, más alegre, etc.).

Daniel Schacter (2001) describe “Siete pecados de la memoria” que ilustran errores de la memoria de accesibilidad, recuerdo y olvido:

– Errores por omisión de información: el transcurso (debilitamiento del recuerdo con el paso del tiempo), la distractibilidad (una ruptura entre atención y memoria) y el bloqueo (inaccesibilidad temporal al querer recordar información).

– Errores por comisión: la atribución errónea (asignación de un recuerdo a una fuente equivocada), la sugestibilidad (recuerdos implantados por preguntas, sugerencias o presión social), la propensión (influencia de conocimientos, creencias y experiencias sobre el cómo recordamos el pasado, por ejemplo se recuerda mejor con mayor motivación, mejor estado de ánimo o en situaciones parecidas) y la persistencia (recuerdo modificado por información perturbadora en forma de recuerdo o pensamiento intrusivo no deseado).

Entre los trastornos se encuentran cambios de la memoria como: hipermnesia (el aumento del recuerdo como puede darse al tratar de recordar algo sucesivamente, la hiperactividad de recuerdos como ocurre en manías y delirios, o como hipertimesia cuando se poseen recuerdos autobiográficos especialmente ricos), hipomnesia (menor capacidad de recordar o formar recuerdos, como ocurre en diversos trastornos psicológicos de depresión y neurosis, o por problemas de la atención y consciencia) y amnesia (la imposibilidad de formar recuerdos o recordar) que puede ser parcial (de algunos aspectos de la percepción) o total retrógrada (cuando no se puede recordar el pasado), anterógrada (cuando no se puede formar recuerdos nuevos) o global (ambas juntas). Los problemas de la memoria también se observan en las enfermedades neurodegenerativas como las demencias, Parkinson, Korsakoff o Huntington, en donde la muerte neuronal masiva conlleva, entre otro, la pérdida de memoria. El trastorno por estrés postraumático se caracteriza por revivir o recordar hechos pasados perturbantes. La intervención temprana en la consolidación de experiencias traumatizantes en la memoria disminuye la gravedad de los recuerdos, también se investigan métodos farmacológicos.

Referencias:

– La información esencial sobre la memoria se ha abstraído de diapositivas de la Profesora de la Universidad de La Laguna María Ángeles Alonso Rodríguez.

– La información esencial sobre las bases neurológicas y biológicas de la memoria se ha abstraído de la “Guía Didáctica de Psicología Fisiológica” de los Profesores de la Universidad de La Laguna Enrique Burunat Gutiérrez, Sergio Hernández Expósito y Rosa María Arévalo García.

– Atkinson, R.C. & Shiffrin, R.M. (1968). “Chapter: Human memory: A proposed system and its control processes”. In Spence, K.W.; Spence, J.T. The psychology of learning and motivation (Volume 2). New York: Academic Press. pp. 89–195.

– Ebbinghaus, H. (1885). “Über das Gedächtnis. Untersuchungen zur experimentellen Psychologie”. Duncker & Humblot, Leipzig.

– Baddeley, A.D. & Hitch, G.J. (1974). “Working memory”. In: G. H. Bower (Hrsg.): The psychology of learning and motivation: Advances in research and theory (Vol. 8, pp. 47–89). New York: Academic Press.

– Baddeley, A. D. (2003). Working memory: Looking back and looking forward. Nature Reviews Neuroscience4(10), 829–839.

– Kandel, E.R. (2009). “The biology of memory: A forty-year perspective”. J. Neurosci. 29: 12748–12756. doi:10.1523/JNEUROSCI.3958-09.2009PMID 19828785.

– Schacter, D. (2001). “The Seven Sins of Memory”. Houghton Mifflin. p.4

Atención

El término de atención, también denominado concentración en el lenguaje común, hace referencia a un concepto que puede ser difícil de explicar por sus diversas definiciones y características. Se ha descrito a menudo con la metáfora de un “foco”, de tal modo que prestar atención o poner atención en algo es parecido a iluminarlo. La realidad es que está tan relacionada con las funciones cognitivas como la memoria, el aprendizaje, la percepción y la consciencia que es casi imposible entenderla por separado. Así por ejemplo, a la hora de aprender a montar en bicicleta (o cualquier otro aprendizaje) estamos muy atentos y conscientes de todos los pasos, el equilibrio, los alrededores, etc. mientras que cuando hemos aprendido los esquemas motores (los del movimiento) no necesitamos prestar atención o estar consciente de pedalear o mantener el equilibrio.

Desde el paradigma del cognitivismo, según el cual recibimos información del exterior, la procesamos y podemos emitir una respuesta, se define a la atención como un proceso o mecanismo cognitivo, estrechamente relacionado con la consciencia, que permite seleccionar, dirigir y controlar la información recibida (sentidos), percibida (la interpretación) y emitida (una respuesta motora, emocional o cognitiva) de una o varias fuentes para mejorar su procesamiento (su análisis, su aprendizaje, su producción) o preparar/anticiparse para una acción. Puede ser atraída por estímulos del exterior o ser dirigida por las funciones ejecutivas y la voluntad. Se caracteriza por tener una cierta amplitud (el número de cosas/estímulos a las que podemos prestar atención es limitado aunque ligeramente modificable), intensidad (el estar más o menos atento, lo que modifica la percepción o la consciencia), oscilación (el dirigirse de un estímulo a otro o a varios a la vez), tiempo (cuánto persiste la atención),  origen (si la empleamos voluntariamente o de manera involuntaria) y el control (la posibilidad de dirigir y/o prolongar voluntariamente la atención durante un tiempo). La dirección de la atención a estímulos depende en general de su novedad (si es algo inesperado o nuevo), de su amenaza (por ejemplo, un bicho caminando en nuestra piel) o de su intensidad (por ejemplo, un dolor repentino).

La psicología describe cuatro dimensiones de la atención:

Atención selectiva:

Hace referencia a la capacidad de diferenciar y amplificar un o unos estímulos de entre una multitud. El ejemplo más famoso es el “efecto cocktail-party” encontrado por Cherry (1953), que describe como en una fiesta con ruido de fondo percibimos cómo nos hablan. La atención enfoca y aumenta la percepción de lo que queremos oír, atenuando el resto del ruido, aunque su volumen objetivamente no sea diferente a los demás de la fiesta. Esta característica o capacidad se puede aplicar a todas las percepciones sensoriales, desde el tacto a la vista.

Basado en los estudios de Cherry y la aportación de David Broadbent de que en el cerebro debe haber un filtro que selecciona los estímulos recibidos, Anne Treisman desarrolló en 1964 el modelo de filtro atenuado, según el cuál el filtro de la atención actúa sobre toda la información que procede de la memoria sensorial (la inmediata de la recepción de la información de los sentidos) como si fuera un cuello de botella. Atenúa unos estímulos y potencia otros. Para que se de el consecuente análisis, procesamiento y paso a la memoria de trabajo, es necesario que los estímulos pasen un umbral específico (Cowan, 1997). Éste no es fijo y puede cambiar según el contexto (si esperamos algo (Driver, 2001)), la importancia subjetiva (percibimos más fácil nuestro nombre que palabras sin importancia o palabras que usamos mucho (Treisman, 1964a)), la coherencia (Treisman, 1964b) y el tipo de análisis (la percepción analiza primero las propiedades físicas, luego otras como el significado, etc. (Treisman, 1964c)).

Aunque existan muchas evidencias empíricas sobre el modelo, hoy en día la investigación se enfoca a una nueva dirección, afirmando que no hace falta el uso del concepto de “filtro” pues los procesos cognitivos y los circuitos neuronales de selección de información no requieren una estructura así o que la selección e interpretación se hacen al mismo tiempo.

Atención dividida:

Hace referencia a la capacidad de realizar varias cosas o tareas al mismo tiempo. Esta capacidad es limitada, por lo que ya los primeros modelos teóricos sugirieron que debe existir una cierta cantidad de “recursos cognitivos” que se reparten entre los diferentes estímulos a los que se dirige la atención. A mayor división y gasto de recursos más errores se cometen en alguna de las tareas, por lo que la investigación de esta dimensión es de gran relevancia, por ejemplo, para los estudios sobre la conducción y el tráfico (entre otras, la influencia que ejerce usar el teléfono móvil mientras se conduce).

Una contribución más reciente de Schneider y Shiffrin (1977) afirma que el procesamiento de la información en el cerebro se divide en dos: proceso o procesamiento automático/inconsciente y proceso o procesamiento consciente. El primero hace referencia a las conductas o los pensamientos aprendidos que pueden ejecutarse con poco o ningún gasto de recursos cognitivos de la atención, con lo que la ejecución al mismo tiempo es fácil. Mientras que el segundo requiere el consumo de recursos atencionales, se realiza consciente y sólo puede ejecutarse de modo serial (uno después del otro). Por lo tanto, hoy en día se cuestiona que realmente la atención se divida en varias tareas a la vez, considerando más bien que se ejerce un cambio rápido de la atención entre diferentes estímulos en forma de saltos.

Atención sostenida:

Hace referencia a la capacidad de mantener la atención durante el tiempo para, por ejemplo, detectar señales o cambios. Antes que nada hay que aclarar que la atención no se mantiene de forma fija. Ya Urbantschitsch, médico y audiólogo, encontró en 1875 que la percepción del sonido (tic-tac de un reloj) es discontinua, alternándose períodos de audición y no-audición, de modo cíclico y repetitivo. Por lo tanto, existe una cierta fluctuación de atención-no atención. El control cognitivo o estímulos/eventos interesantes, intensos o largos pueden modificar o reavivar (llamar) la atención. También es importante señalar que diversos estudios, como el de Mackworth (1948), estiman que es posible mantener la atención de manera óptima de 30 a 45 minutos, observándose después una disminución continua y un aumento de la distraibilidad, el cansancio y los errores. Esto es especialmente importante en tareas de vigilancia o en el estudio y puede remediarse con entrenamiento.

Diversos modelos teóricos han intentado explicar cómo se da la activación necesaria para mantener la atención, y cuáles son las causas de que decrezca después de un tiempo. El más prominente es la teoría del arousal o de la excitación que se ha formado entorno a la Ley de Yerkes-Dodson (1908) y que encuentra uso en muchos ámbitos de la psicología, como la educación y el aprendizaje, las teorías de personalidad, los trastornos de sueño. Esta ley presupone que existe un cierto grado de activación en el sistema nervioso que varía según el momento del día y las actividades que realizamos, y que, en gran medida, es responsable de nuestro rendimiento, la motivación, atención, consciencia, vigilia, el estar despierto, etc. La ley describe que estimulación muy baja produce una activación baja (por ejemplo, cuando dormimos), aumentando la activación y el rendimiento cuando aumenta la estimulación, hasta llegar a un punto donde demasiada activación disminuye el rendimiento (por ejemplo, cuando hay mucho estrés) y aumentan los errores y los efectos tóxicos (como los efectos del estrés crónico). Por esta forma del rendimiento la ley también se describe gráficamente con una U invertida. Estudios posteriores identificaron la participación de la amígdala y la formación reticular (de activación, base de los núcleos de neurotransmisores que inervan el cerebro) en el control del arousal. Respecto a la atención sostenida, esta teoría explica el descenso de ella mediante la falta de estimulación y activación. Sin embargo, el descenso no depende únicamente de ésto, pues hay otros factores que influyen en ello, como la retroalimentación, las expectativas de que ocurra algo, el entrenamiento o la habituación a los estímulos.

Atención visual e integración teórica:

Mientras que las diferencias de la atención en las diferentes percepciones sensoriales se explican de manera más o menos adecuada con los conceptos anteriores, el funcionamiento global de la atención, especialmente en la visión (quizás el sentido más importante y desarrollado en los seres humanos), requiere de un modelo teórico propio más amplio. Gran parte de la corteza cerebral analiza y procesa la información visual, combinándola con la información de los otros sentidos y la memoria, y calculando la profundidad, el espacio y el movimiento. Asimismo, el control de la visión es un buen ejemplo de como las redes neuronales cooperan en la percepción.

Según el modelo de las redes atencionales de Michael Posner (1990) existen tres sistemas de redes neuronales interconectados dedicados a la atención que cumplen funciones diferentes:

– La red posterior o de orientación es la que selecciona y orienta la atención de manera involuntaria a estímulos relevantes y específicos (lo novedoso o sorprendente) y realiza un procesamiento espacial de la ubicación del objetivo. Interviene en el movimiento ocular y participan los lóbulos parietales posteriores, los colículos superiores y el núcleo pulvinar del tálamo.

– La red anterior o ejecutiva transmite la información visual del objeto fijado con la atención (enganchado) a las áreas frontales, la hace consciente, y detecta y reconoce al objeto-entorno y sus características. También contiene el control voluntario que dirige la red posterior y la de vigilancia (es parte del control ejecutivo de las funciones cognitivas del lóbulo frontal). Participan la área frontal izquierda, la parte anterior del giro cingular y los ganglios basales.

– La red de vigilancia es el estado de alerta y se encarga de captar estímulos que se estén esperando (anticipación) o estímulos poco comunes. Se encuentra principalmente en los lóbulos frontal y parietal del hemisferio derecho, y recibe proyecciones neuronales del locus coeruleus (SARA), que a su vez, son parte del sistema de sueño-vigilia o arousal.

Déficits o lesiones en las áreas mencionadas pueden dar lugar a diversos trastornos de la atención: la hiperprosexia (atención exagerada a un estímulo con ignorancia de otros), la hipoprosexia (disminución o fluctuación del mantenimiento de la atención a los estímulos) y la aprosexia (incapacidad de prestar o usar la atención). Diversos trastornos psicológicos tienen alguno de los componentes anteriores, así en la depresión y la esquizofrenia se observan características de la hipoprosexia, en manías, obsesiones y lesiones cerebrales la hiperprosexia, en diversas dificultades de aprendizaje (dislexia, disgrafia o discalculia) se observan déficits de la atención selectiva, y, por último, en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), se encuentran, además de un posible problema de atención selectiva, dificultades en la atención sostenida.

Referencias:

– La información esencial sobre la atención se ha abstraído de diapositivas de la Profesora de la Universidad de La Laguna María Dolores Castillo Villar y de su libro “La atención”. 2009. Ed: Pirámide. Madrid.

– La información sobre la parte de Michael Posner y la atención visual ha sido copiada de un trabajo de Alba Pérez Celis y mio.

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Sensación y percepción

Cuando hablamos de los sentidos, la sensación y la percepción conviene distinguir diferentes conceptos para facilitar la comprensión:

Los sentidos reciben información (mecánica, térmica o química) del entorno en sus neuronas especializadas, la codifican en señales de impulsos nerviosos (señales electroquímicas), la conducen al cerebro y la proyectan en la corteza. Esta es la sensación.

La percepción consiste en el procesamiento de la información en el cerebro, la evocación a la consciencia y la consecuente organización e interpretación que hacemos. Hoy en día existe controversia sobre cómo se construye una percepción unificada, aunque existan evidencias de que las características de los estímulos se perciben por separado (color, forma o tamaño, etc.) aún se desconoce cómo se unen posteriormente para dar la imagen completa.

Es también importante tener en cuenta la influencia del control del cerebro y las neuronas en la percepción y sensación. Por un lado, hay diversas neuronas que pueden inhibir o frenar la transmisión de los impulsos nerviosos, disminuyendo la sensación. Por otro, la atención y otras funciones del cerebro, como la motivación, permiten atenuar o aumentar la percepción de un estímulo.

La psicofísica trató de encontrar las leyes matemáticas que gobiernan la sensación y la percepción. Encontraron las magnitudes mínimas que un estímulo debía tener para pasar el umbral sensorial y ser sentido y percibido, así como la diferencia mínima entre los estímulos para que se note un cambio. Destacan la Ley de Ernst Heinrich Weber y Gustav Theodor Fechner que establece una relación logarítmica entre estímulo/cambio y sensación/percepción, es decir, el menor cambio discernible en un estímulo es proporcional a su magnitud (más estímulo = más cambio necesario para que se note), y la Ley de Stanley Smith Stevens que establece una relación exponencial (el exponente depende de cada sentido). Hoy en día, se emplea la Teoría de la Detección de Señales que afirma que el umbral de percepción varía (por fatiga, práctica, predisposición o método usado) y que la sensación no sólo depende de la intensidad del estímulo, sino también de la motivación del receptor a responder y el ruido (interferencias en la transmisión y el procesamiento).

Tacto:

En general, se puede decir que la información del tacto es recogida por diversas terminaciones nerviosas especializadas en un sólo tipo de estímulo (térmico – calor o frío, mecánico – presión, o químico). Luego, es codificada y conducida a la columna vertebral por la denominada primera neurona (la que conecta los receptores con la médula). Después, pasa a la segunda neurona (la que conecta la médula con el tronco encefálico) que la lleva de manera contralateral a las áreas 1, 2 y 3 de Brodmann de la corteza cerebral (la parte izquierda del cuerpo se proyecta en la corteza derecha y viceversa), tras haber pasado por diversos filtros sensoriales como el tálamo (por el tálamo puede influir en el sistema límbico – emociones). Añadiendo, es posible describir diferentes dermatomas (zonas de sensibilidad) según los nervios que inervan cada parte del cuerpo. La lesión de un nervio específico produce insensibilidad en su área. Igualmente, los dermatomas determinan la proyección de la información sensorial en el córtex (los mapas corticales). Así, por ejemplo, la información del brazo se procesa en otro sitio que la de la pierna. Existen tres ámbitos del tacto:

En la piel se encuentran receptores mecánicos y térmicos que recogen información sobre el exterior al cuerpo: El tacto grosero (si algo nos toca) que se recoge en los corpúsculos de Merkel, y el tacto discriminativo (para identificar las propiedades de lo que tocamos) que se realiza con los corpúsculos de Meissner (para las propiedades superficiales por la vibración que producen), los receptores de Krause (frío) y de Ruffini (calor) y los receptores de Pacini (presión profunda que deforma la piel). Algunos receptores también se encuentran en otros lugares del cuerpo, como las vísceras, el esqueleto o las articulaciones. Asimismo, hay diferencias en la cantidad y densidad según el lugar que ocupan en la (por ejemplo, hay más receptores en las puntas de los dedos que en la espalda).

En el sistema muscular y esquelético (las articulaciones, los tendones, músculos, etc.) se encuentra el tacto propioceptivo, que consiste de diversos tipos de receptores que recogen información sobre el movimiento, la postura, la coordinación y el equilibrio. En este caso la información se lleva principalmente al cerebelo.

Por último, existe el tacto nociceptivo, constituido por terminaciones nerviosas libres que se encuentran en casi todo el cuerpo (menos en el cerebro y el hígado) y que reaccionan ante lesiones térmicas, mecánicas o químicas produciendo los impulsos nervioso del dolor físico. Las células dañadas en el entorno de las terminaciones libres pueden liberar histamina (que activa o excita las terminaciones libres, y además es responsable de las inflamaciones de los tejidos) y prostaglandina (que aumentan la sensibilidad de las terminaciones a la histamina).

La analgesia hace referencia a la atenuación del dolor físico mediante drogas (medicamentos) o una reacción del cuerpo. Drogas como la aspirina, el ibuprofeno o el paracetamol inhiben la producción de prostaglandina o histamina, con lo que no hay señal desencadenadora del dolor. Por otro lado, el sistema de péptidos opiáceos corporal inhibe la conducción de los impulsos nerviosos en la médula espinal (la acupuntura genera la síntesis de opiáceos). Psicológicamente se puede producir analgesia por hipnosis (no libera opiáceos) y placebos (sí los libera).

Un fenómeno interesante en la recuperación de enfermedades y lesiones sensoriales es la plasticidad de las neuronas sensoriales y los mapas corticales. Se ha podido fomentar el crecimiento o desarrollo de las neuronas conductoras de la información sensorial por estimulación eléctrica. También se ha observado que los mapas corticales (las zonas corticales del procesamiento cerebral) se reorganizan para cubrir y participar en otras zonas lesionadas (Pons, Garraghty, Ommaya, Kaas, Taub y Mishkin, 1991). Actualmente se estudia el uso de células madres (que pueden diferenciarse en los diferentes tipos de células del cuerpo) para el reemplazo de zonas o neuronas dañadas.

Entre las enfermedades, los trastornos y/o los síntomas que encontramos por problemas de la sensibilidad táctil están: la hiperestesia y/o hiperalgesia (la sobreestimulación o sensibilidad muy alta, y por tanto, percepción exagerada del tacto y/o el dolor por drogodependencia, o la liberación excesiva de inflamatorios) , la hipoestesia y/o hipoalgesia (la subestimulación o sensibilidad muy baja y percepción deficiente del tacto y/o el dolor por lesiones de los receptores, los nervios, partes del cerebro, falta riego sanguíneo o veneno), la parestesia crónica (percepción de cosquilleo, frío o calor en diferentes partes de la piel o el cuerpo sin que hubiera estímulo desencadenante por venenos, abuso de alcohol, diabetes, enfermedades neuronales, efectos secundarios de medicamentos o ataques de pánico) , el dolor crónico de más de tres meses (por la estimulación prolongada de los nociceptores o problemas neuronales en el bucle del dolor-analgesia – el sistema se adapta a un nivel de analgesia y bajar por debajo tiene como consecuencia la aparición de dolor), la anestesia (la falta de sensibilidad completa o de algunos tipos, por daño severo en los receptores, nervios y/o el cerebro) y la insensibilidad congénita del dolor (no se percibe dolor físico por sobreproducción de péptidos opiáceos o una mutación de los nociceptores que hace que no se produzcan los impulsos nerviosos (Yasuhiro, 2011)). Un fenómeno especial es el dolor fantasma de partes del cuerpo amputadas, en el que se sigue percibiendo las sensaciones y el dolor de dicha parte como si siguiera allí. Ramachandran demostró que por la plasticidad de los mapas corticales ocurre una fase de reorganización sensorial tras la amputación, en la que se estimula la percepción del miembro amputado al estimular las partes contiguas (Rachamandran y Hirstein, 1998).

Gusto:

La información del gusto se recoge en papilas (terminaciones nerviosas especializadas) organizadas en botones gustativos en toda la boca (sobre todo en la lengua), en la faringe y en la laringe, a partir de estímulos químicos. De los receptores, pasa a los nervios faciales, vagos y glosofaríngeos de los pares de nervios craneales, luego al núcleo solitario y el tálamo, y se proyecta en la corteza gustativa (área 43 de Brodmann) de manera ipsilateral (el lado izquierdo del gusto se proyecta en la corteza izquierda y viceversa). El núcleo solitario también está conectado a la formación reticular, el sistema parasimpático, la amígdala y el hipotálamo, y participa por lo tanto en los sistemas del hambre/saciedad.

Existen cinco sabores: El sabor ácido se debe a la recepción de iones de hidrógeno liberados por la comida y, por ejemplo, bacterias, el sabor salado es causado por los iones de sodio (la sal se compone de sodio y cloro: NaCl), el umami (Kawamura y Kare, 1987) recibe ácido glutámico, el dulce reacciona ante glúcidos y el amargo ante sustancias amargas (un grupo de sustancias entre las que se encuentran algunas sales inorgánicas.

Además de estos sabores primarios, la percepción de la gran variedad de sabores secundarios se debe a la interacción con el sentido del olfato.

Se han encontrado diferencias genéticas que diversifican las programación de los receptores gustativos, permitiendo así que los de un mismo sabor reaccionen diferente entre ellos según la sustancia que se ingiere. Asimismo, las diferencias dan lugar a un número mayor o menor de receptores gustativos en algunas personas, con lo que perciben sabores de manera más o menos intensa. Esto es especialmente importante en el sabor amargo, pues muchos venenos y objetos extraños saben amargos porque el cuerpo los rechaza por ser potencialmente peligrosos.

Enfermedades y trastornos relacionados con problemas de la sensibilidad gustativa son: la hipergeusia (aumento de la sensación del gusto, por elevada necesidad de nutrientes en algunas enfermedades como la de Addison (Noda, Hiromatsu, Umezaki y Yoneda, 1989), la hipogeusia (reducción del gusto por fumar – la deficiencia de zinc), la parageusia (donde se distorsiona o mantiene el sabor y a veces el olor, normalmente desagradable – metálico, en la boca y las comidas, se da por ejemplo como efecto secundario de quimioterapias y diferentes drogas/medicamentos, por falta de zinc, veneno o problemas en los receptores y circuitos neuronales) y la ageusia (la pérdida del gusto por enfermedades del sistema gustativo u olfatorio, como quemaduras o lesiones de nervios). Psicológicamente hay que tener en consideración la posible pérdida de calidad de vida por estos trastornos y la mala calculación de especias (sal) en las comidas (Bromley, 2000), así como problemas derivados como hipertensión, depresión , falta de apetito, pérdida de peso (Padala y Kalpana, 2006) o anorexia (Bicknell, Robert, y Wiggins, 1988).

Olfato:

Los receptores del olfato se encuentran en el epitelio olfatorio de la lámina cribiforme (el hueso en el techo de la cavidad nasal que la separa del cerebro) y reaccionan ante las sustancias olorosas químicas del aire que se pegan a las muscosas. La información de los receptores se une en glomérulos (cada uno reconoce un tipo de olor y hay tantos como olores que reconocemos – 10.000), pasa en forma de un patrón (según los glomérulos activados) la lámina cribiforme y se proyecta directamente en la amígdala, la corteza piriforme y la corteza entorrinal (áreas 28 y 34 de Brodmann) que rodean el hipocampo de manera ipsilateral. Este paso directo de la información olfatoria a la amígdala y el hipocampo lo convierte en el único sentido que puede afectar directamente a las emociones y al estado de ánimo (incluso puede modificar los sueños y atenuar malestar o dolores). Es responsable de nuestras reacciones tan rápidas a los olores agradables y desagradables, y muchos conocemos el efecto de la evocación de diferentes recuerdos por algún olor específco. La amígdala, a su vez, envía la información al hipotálamo, la corteza que lo rodea, el tálamo y a la corteza orbitofrontal (áreas 10, 11 y 47). En esta última pasa a la conciencia y se asocia con la información gustativa, dando lugar a los sabores complejos.

Además del sabor y de la orientación en el mundo por el olor (algo atrofiada en los humanos), existen otras funciones que tienen una relevancia especial: Primero, el olor permite identificar comida podrida. Segundo, también permite identificar a parejas potenciales (Milinski, M; 2001). Para la reproducción exitosa es importante la combinación de los sistemas inmunológicos de los padres. Se ha observado que nos agradan los olores de posibles parejas con sistemas inmunológicos diferentes pero compatibles (Schinemann, Gabardo y Bicalho, 2005). Igualmente, las feromonas liberadas por las axilas pueden sincronizar los ciclos menstruales de mujeres que conviven (McClintock, 1971), y aumentan la atracción al sexo opuesto y la cantidad de actividades relacionadas con el sexo y la pareja (Cutler, Friedmann y McCoy, 1998; McCoy y Pitino, 2002). Por último, se puede detectar a familiares por su olor (Porter, Cernoch y Balogh, 1985), sobre todo en el caso de los niños, que detectan a sus hermanos (Weisfeld, Czilli, Phillips y Lichtman, 2003).

Como curiosidad cabe decir que los espermatozoides poseen canales de iones parecidos a los receptores olfativos. Aceleran su movimiento en presencia del olor del óvulo y su entorno (Hatt, 2005).

Los trastornos del olfato se describen de la misma manera que los de los sentidos anteriores: la hiperosmia (un aumento exagerado de la sensibilidad olfativa, por razones genéticas, cambios hormonales, factores externos o quizás abstinencia de benzodiazepinas), la hiposmia (habilidad reducida de percibir olor, por infecciones, alergias, traumas craneales, poliposis nasal o como síntoma temprano de las enfermedades de Parkinson, Alzheimer o cuerpos de Lewy (Factor y Weiner, 2008)), la parosmia (disfunción olfativa que procesa algunos olores como con aroma quemado, podrido o químico (Bonfils, Avan, Faulcon, y Malinwaud, 2005), por lesiones en las neuronas receptivas y como parte de la enfermedad de Parkinson (Hirsch, 2009)), la fantosmia (la percepción de olores sin que exista ningún estímulo desencadenante, se encuentra en trastornos por lesiones del lóbulo temporal en esquizofrenia, epilepsia, tumores, Alzheimer, Parkinson (Hirsch, 2009) o trastornos emocionales), la anosmia (la imposibilidad de percibir olores, por factores genéticos (Waguespack, 1992) o por lesiones neuronales o cerebrales como meningitis crónica y sífilis  (The Lancet, 1943), tumores, las demencias, esclerósis múltiple, ictus, traumas físicos, diabetes y muchas más), y, por último, el síndrome de referencia olfativo (la preocupación y el miedo excesivo de emitir un olor corporal anormal ofensivo o asqueante a los demás, por experiencias traumatizantes o estresantes asociadas a sentimientos de vergüenza (Begum y McKenna, 2011).

Oído:

El estímulo auditivo está formado por ondas sonoras que se mueven por el espacio y  que pueden dividirse al encontrar un objeto (difracción), reflejarse (reflexión) o absorberse (absorción). Las ondas pueden describirse físicamente según la frecuencia (las repeticiones en el tiempo – Herzios – agudo o grave), la intensidad (el volumen – Decibelios), la forma (de la onda – sonido puro o ruido) y la duración.

Los estímulos entran al oído externo (compuesto por el pabellón de la oreja y el conducto auditivo externo) y llegan al oído medio, donde chocan con el tímpano. Unido a éste se encuentra una cadena de huesos: martillo, yunque y estribo, que transmiten la vibración al oído interno, una cavidad ósea llena de perilinfa (líquido) y una membrana, llena de endolinfa. Allí se encuentran el sistema vestibular (unos conductillos responsables de la percepción de equilibrio y del movimiento/velocidad) y la cóclea, con la membrana basilar. En la cóclea la información mecánica, en forma de vibración, se codifica por los cilios (parecidos a pelos pero con funciones complejas) del Órgano de Corti y se forma el impulso nervioso, que es llevado al cerebro por los nervios acústicos, en concreto, a los núcleos cocleares, el tronco encefálico y su formación reticular, el cerebelo, el núcleo geniculado medial del tálamo y, finalmente, a la corteza auditiva del cerebro (áreas 41 y 42 de Brodmann) de manera bilateral.

La codificación de la información recibida se explica a partir de varias teorías:

– La codificación del tono espacial se realiza en diferentes lugares de la cóclea (membrana basilar), según las diferencias en las amplitudes y las frecuencias de las vibraciones por el sonido.

– La codificación del tono temporal se debe a las descargas nerviosas de los receptores de frecuencias similares a las del sonido recibido y/o por la unión de varias neuronas en equipo para codificar frecuencias altas.

– La codificación de la intensidad depende del número de receptores que se activan (a mayor volumen, más se activan).

El cerebro es capaz de analizar la localización del sonido a partir de esta información y procesar el lenguaje y la música (la secuencia de tonos en el tiempo). Un fenómeno muy especial es la realización de una imagen del entorno mediante sonidos y su eco (ecolocalización) que puede ser desarrollada por ciegos y videntes. Así por ejemplo, un experto puede identificar los objetos del entorno, su localización, densidad e incluso el tamaño por el eco que emiten y crear una imagen mental. Esto se consigue por el procesamiento del eco en las áreas visuales (Thaler, Arnott y Goodale, 2011)

Los trastornos principales de la sensación y percepción auditiva son: la sordera nerviosa (falta de audición por lesiones de las neuronas), la sordera de transmisión (falta de audición por afectación del tímpano o la flexibilidad de los ligamentos de los huesecillos), lagunas tonales (pérdida de percepción de determinados tonos por lesiones específicas en la membrana basilar), el tinnitus (tono o ruido constante por infecciones, exposición a ruidos fuertes, etc.) y la hipoacusia (pérdida parcial de audición por factores genéticos, traumas físicos, medicamentos/drogas o ruidos extremos).

Visión:

La luz es la parte de la energía de radiación electromagnética que puede recibir la visión humana. Otras partes, como los rayos X, el infrarojo y la ultravioleta, no se definen físicamente como luz sino sólo como radiación electromagnética. Es energía emitida que, sin masa, viaja en forma de fotones y ondas por el espacio, y reacciona con la materia y el medio. Puede propagarse (p.e. una linterna), reflejarse (reflexión, p.e. un espejo), ser absorbida (absorción, p.e. en la fotosíntesis), dispersarse (dispersión) o cambiar de ángulo (refracción – cambia de velocidad, p.e. en el agua). Se describe por su frecuencia (las repeticiones u oscilaciones en el tiempo – Herzios), la intensidad (luminosidad – cantidad de energía emitida), la dirección de propagación y la forma (movimiento y longitud) de las ondas. En la descripción del color percibido también se puede diferenciar entre del tono (la parte de la luz reflejada por los objetos – el resto se absorbe), su brillo (intensidad o luminancia) y la saturación (la pureza de la onda – del color).

Los estímulos visuales entran en el ojo y se proyectan al revés en la retina a través del cristalino, que actúa como una lente (invierte y distribuye la imagen – da nitidez). El conjunto de cristalino, la iris y la retina (que absorbe la luz – es negra) da lugar a la pupila. La retina es una membrana en la parte trasera del ojo y contiene las células nerviosas encargadas de la recepción, codificación y transducción de la luz (los fotoreceptores). Estos se dividen en:

Bastones (muchos y ámpliamente distribuidos por la retina), que reciben la información acromática (sin color – el contraste, blanco, negro y la escala de grises) del brillo, permiten la visión periférica (la del alrededor de nuestro foco de mirada) y que por su bajo umbral también permiten la visión nocturna.

– Conos (pocos y situados mayoritariamente cerca del nervio visual – fóvea), que reciben la información del color y que por su alto umbral funcionan mejor con gran luminosidad (visión diurna). Los conos se diferencian por el color que pueden recibir, es decir, hay conos que reciben información del rojo, otros del verde y otros del azul (la composición de estos colores da lugar a los demás).

– Los fotoreceptores están unidos a células nerviosas ganglionares, que también pueden recibir cierta información del color, del movimiento, la profundidad y la forma de las imágenes, y la conducen al cerebro.

La manera en la que se codifican el brillo y los colores dependen de cada tipo de célula y se hace más compleja a medida que se une la información de varios receptores en varias neuronas. Existen varias vías visuales que reciben información desde los ojos:

– La vía retina-tronco encefálica que coordina la estabilización de los movimientos oculares al mover la cabeza y que tiene conexiones con el cerebelo.

– La vía retina-mesencencefálica que controla el tamaño de la pupila, la dirección de la atención a estímulos repentinos y el control muscular de los movimientos del ojo.

– La vía retina-hipotalámica que conecta con la producción de melatonina y el ciclo circadiano (ritmo día/noche)

– La vía retina-núcleo geniculado ventral que proyecta a estructuras subcorticales.

– La vía retina-quiasma óptico-núcleo geniculado lateral-cortical que reúne y cruza la información de la visión, crea los campos visuales y los proyecta de manera ipsi y contralateral a la corteza visual primaria (área 17 de Brodmann). Participa en el procesamiento y la conducción de la visión de forma, color, profundidad y movimiento.

En la corteza visual se procesa la información de diferentes maneras según diversas capas de neuronas. Las áreas 17, 18 y 19 de Brodmann procesan primero la orientación y el movimiento (área V1), luego la orientación con retroalimentación del color (V2), la forma y las características físicas (V3), después, el análisis específico de los colores y su constancia en diferentes iluminaciones (v4), y finalmente, la percepción específica del movimiento (V5). Se discute una posible existencia de un área V6 en humanos que, en primates, se dedica a la representación del campo visual entero y el movimiento propio. Por último, cabe destacar que el procesamiento de profundidad (tridimensional) se da por la comparación de los campos visuales y las claves de identificación en el escenario, como objetos parcialmente ocultos (oclusión), la altura relativa (los objetos altos sobrepasan el horizonte), la perspectiva atmosférica (los alejado está menos definido), el gradiente de textura y la perspectiva lineal (lo alejado se acerca); y, que el procesamiento del movimiento depende de que la velocidad de desplazamiento supere un umbral mínimo, de su luminancia, su tamaño, su entorno que sirve de referencia, la predicción sobre su movimiento (si se espera que aparece o se mueve) y la posición en el campo visual (en el centro se detecta más rápido que en la periferia).

Las áreas de asociación que rodean a la visual facilitan la conexión de información con otras modalidades sensoriales, la corteza motora, la frontal y, por ejemplo, las áreas del lenguaje (la lectura y comprensión). Así, junto al lóbulo temporal, las zonas V3 y V4 permiten reconocer objetos y sus detalles. Mientras que las zonas V3 y V5, en conexión con el lóbulo parietal, permiten la identificación del espacio, la visión espacial y la coordinación visomotora. La asociación con el lóbulo frontal destaca por permitir el control voluntario de la mirada y la fijación de la atención visual.

Existen diversos fenómenos e ilusiones ópticas que se deben a la forma innata de procesar e interpretar las sensaciones visuales: La visión del blanco y negro (el contraste) depende no sólo de la recepción de la luminancia de un objeto sino también de su comparación con la luminancia del entorno (importa el contexto – un cuadrado gris sobre fondo negro parece más oscuro que el mismo cuadrado sobre fondo blanco), en el fenómeno de la irradiación algo blanco sobre fondo negro parece extenderse más que algo negro sobre fondo blanco, la ilusión de las bandas de Ernst Mach describe el efecto de que entre el entorno y una sombra exista una banda grisácea (por la inhibición lateral de los demás receptores se facilita el contraste), la unión de figuras subjetivas de Walter Ehrenstein a partir de partes parciales (por ejemplo la vista de los lados de un triángulo cuando sólo hay tres ángulos), la rejilla de Ludimar Hermann (de cuadrados negros y líneas blancas – la vista ve puntos grises en los cruces) (Ninio, 2004), la agrupación de elementos por semejanza, simetría, proximidad u orientación, la identificación y descripción de los colores puede ser facilitada por el lenguaje y la cultura, los postefectos del movimiento (se adaptan los receptores de movimiento de la retina y al parar un movimiento el campo visual sigue moviéndose) y la percepción de caras en objetos o superficies (pareidolia).

Los trastornos que se encuentran relacionados con la visión son numerosos y dependen del lugar afectado: Problemas oculares pueden dar lugar a astigmatismo (deformación de la córnea), cataratas (pérdida de transparencia del cristalino), mío e hipermetropía (pérdida de nitidez de objetos lejanos o cercanos), glaucoma (pérdida de fibras nerviosas en la retina) o estrabismo (demasiada o poca longitud del nervio ocular o del control muscular). Respecto a los fotoreceptores existen el monocromatismo (visión sin color – sólo de blanco, negro y escala de grises), dicromatismo (visión de sólo dos colores) en forma de protanopia (sin conos del color rojo), deuteranopia (sin color verde – Daltonismo) o tritanopia (sin color azul), y tricromatismos anómalos (cuando se percibe los colores pero se requiere más intensidad de alguno de ellos).

Tiempo:

Desde el campo de la física, el tiempo se define como la relación secuencial unidireccional de eventos. Puede dividirse en pasado (lo ocurrido), el presente (lo que ocurre) y el futuro (lo que ocurrirá).

En la psicología aun están por describir los circuitos específicos del cerebro que son responsables de la percepción del tiempo. Sin embargo, se afirma que la relación secuencial entre eventos se realiza en la corteza cerebral, los ganglios basales y el cerebelo (se construye la percepción del tiempo), y que la memoria es parte de ese mecanismo al almacenar y dividir lo ocurrido, el presente y los planes e intenciones del futuro. Junto a la atención, el arousal, la toma de decisiones y la consciencia, se da la percepción del tiempo.

Efectos e ilusiones temporales curiosas son: El efecto Kappa (la estimación de una diferencia temporal demasiada larga cuando dos estímulos se presentan a distancia y la estimación muy corta cuando están cerca (Wada, Masuda y Noguchi, 2005), la cronostasis (el tiempo durante los primeros estímulos parece ocurrir más lento que después – parece congelarse un momento (Yarrow, Haggard, Heal, Brown y Rothwell, 2001)), el efecto excéntrico (el tiempo parece pasar más lento en situaciones de riesgo, tensión o cuando aparece una posible pareja), la influencia de las emociones (el miedo hace estimar el paso del tiempo de manera más lenta a la realidad (Droit-Volet, Fayolle y Gil, 2011)), el cambio por el envejecimiento (disminuye la liberación de dopamina y también se estima el paso del tiempo más lento (Dreher, Meyer-Lindenberg, Kohn y Berman, 2008)) y por el aprendizaje (creando hábitos al envejecer y aprender se disminuye el procesamiento requerido para la información recibida y el tiempo parece pasar más rápido (Eagleman, 2009)). Sin duda el efecto más interesante se observa por estimulación sensorial intensiva asociada a placer, como al estar en trance o dejarse llevar por música. En tal caso, la actividad de la corteza prefrontal cesa, mientras que la excitación de las áreas de procesamiento sensorial aumenta (Goldberg y Malach, 2006) – “perdemos la conciencia” y nos entregamos a la música. Es probable que entonces la dopamina pierda su influencia sobre la percepción del tiempo y el tiempo pasa volando, igual como en otras conductas cotidianas (el sexo, jugar videojuegos, tocar un instrumento). Por último, también hay que destacar que debido al efecto de la dopamina sobre la percepción del tiempo, parece que diversas drogas y enfermedades pueden influir en ella.

Extrasensorial:

La percepción extrasensorial se define como la percepción de fenómenos o el entorno por la mente sin la participación de los sentidos. Aunque haya sido estudiada desde la antigüedad, y también intensivamente por métodos experimentales en tiempos modernos, NO hay datos válidos, fiables, replicables o científicos que apoyen la existencia de habilidades como la telepatía, la clarividencia, la premonición, la retromonición, etc. Sin embargo, existen fenómenos que tradicionalmente se consideraron parte de la percepción extrasensorial y que hoy en día son explicados o refutados por la ciencia, como la intuición (existen estrategias de la intuición que mejoran la predicción), efectos de drogas/medicamentos/neurotransmisores, el procesamiento inconsciente (que se usa para los trucos de magia) o sesgos (distorsiones de la percepción y el pensamiento por la naturaleza humana).

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Los componentes del sistema nervioso y sus funciones

En el lenguaje cotidiano el cerebro es una masa gris dentro de la cabeza que contiene el conjunto de estructuras del sistema nervioso que ejerce el control sobre el cuerpo, procesa la información recibida por los sentidos y los nervios (por ejemplo del sistema nervioso periférico), da una respuesta y abarca la mente o psique, los pensamientos y los sentimientos/emociones.

Neurona (Wikipedia - Acracia)

El constituyente principal del sistema nervioso es la neurona. Es una célula especializada en la recepción, conducción y producción de señales eléctricas y químicas (los impulsos nerviosos) mediante la liberación de neurotransmisores en los espacios entre las conexiones con otras neuronas (sinápsis).

Además de la neurona, existen diferentes células de apoyo: Los astrocitos que funcionan como sostén, aislante eléctrico y químico, almacén de nutrientes y como cicatrizantes de lesiones. Los oligodendrocitos que producen las vainas de mielina en las neuronas periféricas (lo que acelera la conducción de impulsos nerviosos). Las microglias que ingieren los elementos extraños y previenen o combaten infecciones (son el sistema inmune). Y, los ependimocitos que revisten las cavidades dentro del cerebro y producen el líquido de su interior y de la médula espinal.

Los nervios (neuronas conectadas) periféricos (repartidos por el cuerpo) se subdividen en dos grupos con funciones diferentes: El primero es el sistema nervioso somático, que conduce la información de Nervous_system_diagramlos receptores sensitivos (de los sentidos) al sistema nervioso central (el cerebro) y su respuesta voluntaria de vuelta a las neuronas motoras (los músculos). El segundo es el sistema nervioso autónomo (denominado autónomo por ser involuntario), que conduce la información sensitiva de los órganos (las vísceras) al cerebro y los controla junto a su musculatura lisa por el sistema nervioso simpático, parasimpático y entérico. Éstos ejercen una función casi contraria, pero también complementaria, y participan en el control de la pupila, las glándulas salivares, el corazón, los vasos sanguíneos, la traquea y los bronquios, el esófago y el estómago, el hígado, el páncreas, los riñones, la vejiga, los esfínteres y el sistema intestinal. Es decir, controlan el ritmo cardíaco y respiratorio, presión arterial, digestión, excreción, sudoración, salivación y excitación sexual.  

Los nervios se unen en la columna vertebral y constituyen la médula espinal que lleva toda la información y las respuestas al y del cerebro.

Llegando a la cabeza, la médula forma el tronco del encéfalo (encéfalo significa cerebro) Brainstem_smallque puede dividirse en bulbo raquídeo, puente y mesencéfalo. Abarca dos vías de nervios: las vías ascendentes (suben) en la llamada Cinta de Reil, que incluye los nervios sensitivos gustativos, los del tacto (discriminativo – diferenciar objetos y grosero – notar cuando algo nos toca), el dolor, la sensibilidad de las articulaciones, los músculos y tendones, y la sensibilidad auditiva (que llega desde el oído), y los distribuye al resto del cerebro; y las vías descendentes (bajan) que llevan la respuesta motora a los músculos. Además, es el origen de diez pares de nervios craneales que inervan la cabeza.

Unido al tronco encefálico se encuentra el cerebelo, que con el bulbo raquídeo y el puente (sin el mesencéfalo) forma el romboencéfalo. El cerebelo interviene en la integración Cerebellum_animation_smallde las vías ascendentes sensitivas y las vías descendentes motoras, la coordinación y sintonización de movimientos (los hace precisos), controla el equilibrio postural del cuerpo (el equilibrio por los músculos), y participa en la atención, el aprendizaje y el lenguaje. Distribuidos por el bulbo raquídeo y el puente se encuentran diversos núcleos que, supeditados al cerebelo, colaboran en el equilibrio postural: El núcleo rojo (movimientos flexores), el vestibular lateral (movimientos extensores), el olivar inferior (movimientos finos como la escritura) y los núcleos del puente (graban esquemas de movimientos aprendidos para hacerlos automáticos).

Detrás y por encima del tronco encefálico (en especial del mesencéfalo) están los tubérculos cuadrigéminos, que son cuatro relieves relacionados con la sensibilidad visual, auditiva y táctil.

Vías REMLa última parte del tronco encefálico que tiene una importancia especial es la formación reticular, un conjunto de núcleos y circuitos de neuronas que se prolongan a la médula espinal y hacia el diencéfalo y telencéfalo, y que excitan o inhiben a las demás mediante neurotransmisores. Sus núcleos y subsistemas se clasifican según el tipo de neurotransmisor que producen y controlan:

– El sistema dopaminérgico en la sustancia negra (mesencéfalo): Genera y distribuye la dopamina. Participa en el control motor y es el circuito de la recompensa (satisfacción, alegría, bienestar y/o felicidad), por lo que influye en las emociones, el estado de ánimo, la motivación, la memoria, la atención y la activación sexual. Drogas como la cocaína, la nicotina, las anfetaminas, MDMA, neurolépticos y antidepresivos (IMAO) se dirigen a él. Enfermedades relacionadas son las adicciones y el Parkinson, también se observan niveles bajos de dopamina en Alzheimer, esquizofrenia y depresiones.

– El sistema noradrenérgico en el locus cerúleo (parte posterior del puente y mesencéfalo): Deriva noradrenalina de la dopamina (también se puede generar noradrenalina como hormona en la glándula suprarrenal del riñon). Participa en la atención o la alerta (mediante la amígdala) y en las respuestas al estrés, pudiendo aumentar el ritmo cardíaco y decidir sobre la conducta de lucha o huida. También influye en menor medida en el placer y la sexualidad, los estados de ánimo y la motivación. Drogas que influyen en él son el MDMA, las benzodiazepinas y los antidepresivos (IMAO). Entre las enfermedades relacionadas se encuentran las depresiones y la hiperactividad, con niveles bajos de noradrenalina en el cerebro, e insuficiencia cardíaca, con niveles altos en sangre.

– El sistema serotoninérgico en los núcleos del rafe (también parte posterior del puente y mesencéfalo): Sintetiza serotonina (otra fuente se encuentra en el intestino). Tiene una gran variedad de funciones, a veces incluso contraria. En la sangre, afecta a la contracción y relajación del corazón y la vasoconstricción de capilares (Ullmer, Schmuck, Kalkman y Lübbert, 2005), la coagulación de la sangre (Prchal, Lichtman, Williams, Beutler, Kaushansky, Kipps y Seligsohn, 2006), el control neuronal del sistema gastro-intestinal y participa en el funcionamiento del ojo (Costagliola, Parmeggiani, Semeraro y Sebastiani, 2008). En el cerebro, afecta positiva o negativamente a los estados de ánimo, las emociones, la percepción de dolor, la agresividad o impulsividad (puede disminuirla actuando sobre el control emocional de la corteza cerebral), el ritmo de sueño-vigilia (los núcleos se activan cuando se está despierto (Monti y Jantos, 2008) – la hormona inductora del sueño melatonina se deriva de serotonina (Cardinali, 2008)), la regulación de la temperatura corporal, el apetito (se genera más serotonina cuando aumentan los niveles de insulina por comidas ricas en proteínas e hidratos de carbono – produce más satisfacción (Wurtman y Wurtman, 1995)) y la inhibición sexual tras una eyaculación. Drogas que interactúan con él son, por ejemplo, el MDMA y los antidepresivos (IMAO). Enfermedades y trastornos relacionados con la serotonina son alucinaciones por sobredosis, y depresiones, miedo, pánico, fobias y problemas alimenticios por niveles bajos.Diencephalon_small

El diencéfalo se encuentra entre el mesencéfalo del tronco encefálico y el telencéfalo. Comprende el tálamo y sus partes, el hipotálamo, la hipófisis y el tercer ventrículo (una cavidad llena de líquido que se comunica con los otros ventrículos por el acueducto de Silvio y el agujero de Monro).

El tálamo recibe aferencias del tronco encefálico, el cerebelo y de los sentidos, filtra la información en sus diversos núcleos según su importancia y los transmite a las áreas específicas de la corteza cerebral, y por tanto a la conciencia. Juega un papel fundamental en el arousal (la activación o excitación psicológica y corporal), el nivel de conciencia, los estados de sueño-vigilia y la personalidad (conecta las emociones con la conciencia). Igualmente, funciona como un canal para los ganglios basales y el cerebelo, influyendo así en el control motor (el movimiento). Por último, forma parte del circuito de Papez de la memoria.

Detrás del tálamo se encuentra la glándula pineal, conectada a la retina por los núcleos del tálamo e hipotálamo. Produce la hormona inductora del sueño melatonina (también sintetizada en otros tejidos) como respuesta a la disminución de la luminosidad percibida. Asimismo, tiene un efecto anticancerígeno y neuroprotector e induce la pubertad.

El hipotálamo se encuentra debajo del tálamo y está conectado al tálamo, el tronco del encéfalo, la formación reticular y el sistema límbico. Entre sus funciones se encuentran el origen el control del sistema nervioso autónomo, el mantenimiento de la temperatura corporal, la expresión fisiológica de las emociones, el control de conductas innatas como la defensa (huida) o la derrota (rendirse, ser sumiso), la regulación del hambre y la saciedad (por la colecistoquinina y el neuropéptido Y), del ritmo circadiano (ciclos de sueño y vigilia) y del sistema endocrino por hormonas liberadoras que inducen la liberación de otras hormonas en las diferentes glándulas del cuerpo (como la hipófisis) o por la liberación directa de vasopresina (ADH – actúa sobre los riñones y controla el balance del agua del cuerpo) y oxitocina, relacionada con la agresividad (Pedersen, 2004) y la envidia (Shamay-Tsoory, 2009), la confianza (Damasio, 2005), generosidad, conducta sexual (se libera tras un orgasmo), pater/maternal como el cuidado del neonato y el desarrollo del apego (Walter, 2003), el parto y la lactancia – una droga que aumenta sus niveles es el MDMA; Según Gordon, Vander y Bennett (2013) niveles bajos están relacionados con la enfermedad del autismo.

La hipófisis es una glándula endocrina que libera hormonas con la llegada de hormonas liberadoras del hipotálamo o por retroalimentación de las propias hormonas segregadas. Entre las principales se encuentran: La somatotropina (hormona del crecimiento), prolactina (estimula la producción de leche y de la hormona progesterona), la tirotropina (estimula la producción de hormonas en los tiroides), la corticotropina (estimula la producción de hormonas en las glándulas suprarrenales) y las gonadotropinas (estimulan la producción de hormonas en las gónadas).

– El sistema de péptidos opiáceos se encuentra en el hipotálamo y la hipófisis: Sintetiza endorfinas y otros opioides que son analgésicos (disminuyen el dolor) y que producen satisfacción, alegría, bienestar y/o felicidad. Drogas que actúan sobre ellos son la heroína, la morfina, el opio y setas alucinógenas. Actividades que inducen su liberación son el deporte prolongado, relajación profunda, acupuntura, comidas picantes, excitación, dolor, amor y actividades sexuales. Por último, niveles altos se asocian a addiciones, mientras que niveles bajos están relacionados con el trastorno de despersonalización (Nuller, Morozova, Kushnir y Hamper, 2001).Cerebrum_animation_small

El telencéfalo es la parte más voluminosa del cerebro y va desde el diencéfalo a la superficie grisácea que se puede observar a simple vista. Se compone de diversos elementos que efectúan los procesos cognitivos superiores, el control último sobre la información recibida y almacenada, y las respuestas voluntarias:

Los ganglios basales (también llamados núcleos subcorticales por estar debajo de la corteza cerebral) se encuentran delante y por los lados del diencéfalo. Son cúmulos de neuronas que comparten las mismas redes funcionales y que se conectan a casi toda la corteza cerebral, el tálamo y el tronco encefálico. La información cortical entra por el cuerpo estriado, pasa por la sustancia negra y el globo pálido, entra en el tálamo, y vuelve finalmente a la corteza. Hipotéticamente, por la teoría del Gating, se postula que, en este circuito neuronal, los ganglios basales actúan en la selección, 200px-BrainCaudatePutamen.svgfiltración y el control de esquemas motores (movimientos) activados e intencionados de manera excitatoria, mientras que inhiben esquemas desactivados y no intencionados. Ésto explica cómo la disminución de la sustancia negra impide o dificulta el control o inicio del movimiento en la enfermedades de Parkinson y Huntington. Asimismo, ignorando que algunas funciones aún se desconozcan, y considerando que los ganglios están conectados a la mayoría del cerebro, este planteamiento puede emplearse para explicar trastornos de la personalidad como los tics (esquemas de movimientos repetidos), la hiperactividad (fallos en el filtro que mantienen conductas redundantes y no inhiben conductas nuevas) y el obsesivo-compulsivo (no inhibición de los pensamientos repetitivos), o las diferencias individuales en el rasgo de personalidad introversión/extraversión (los introvertidos filtran mejor la información mientras que los extravertidos necesitan más estimulación).

El sistema límbico se compone de la amígdala, varias partes de otros ganglios basales (núcleo accumbens – parte del circuito de la recompensa, estría terminal y septum) y partes de la corteza (el hipocampo, el lóbulo límbico, la corteza orbitofrontal y el bulbo olfatorio). Además, recibe información de las áreas corticales prefrontales (desde donde se define la personalidad), la corteza auditiva y áreas corticales de asociación sensorial, e interactúa con el sistema endocrino y el sistema nervioso autónomo. Es responsable de las emociones y participa en la memoria, la atención, la conducta sexual, la personalidad y, en general, en la conducta.

El bulbo olfatorio recibe la información del sentido olfatorio y la analiza y conduce a la amígdala, el hipocampo, el septum y la corteza olfatoria primaria, de la que pasa a la corteza orbitofrontal. Participa en las emociones y la memoria, y es una de las pocas zonas cerebrales donde nacen y se desarrollan neuronas nuevas. Problemas de esta parte están relacionados con depresiones en ratas (Morales-Medina, Juarez, Venancio-García, Cabrera, Menard, Yu, Flores y Mechawar, 2013)).

El núcleo basal de Meynert se encuentra entre los nervios olfatorios y ópticos, y contiene una gran cantidad de neuronas colinérgicas que inervan la totalidad de la corteza cerebral. En las enfermedades de Parkinson y Alzheimer se observa una degeneración de este núcleo.

– El sistema colinérgico se encuentra en todo el sistema nervioso: La acetilcolina ejerce una función esencial en la conducción (excitación) o inhibición de los impulsos nerviosos, en la manutención de la atención, el arousal y el sueño REM, en la plasticidad neuronal y en el aprendizaje. En el sistema nervioso periférico influye, además, en la musculatura lisa del sistema cardiovascular (relaja), respiratorio y gastrointestinal, en la musculatura estriada (aumenta la contracción), y participa en el mecanismo de la sudoración. En las enfermedades de Parkinson, Alzheimer, Huntington  se observa una disminución de los niveles de acetilcolina por la degradación de las neuronas del sistema colinérgico. Un estudio reciente de Marina Picciotto (2013) muestra que la interrupción de la cadena de acetilcolina podría causar depresiones.

Antes de continuar con la corteza cerebral conviene describir los dos grandes sistemas de neurotransmisores restantes del cerebro:

– El sistema glutamaérgico también se distribuye por todo el sistema nervioso y consiste del neurotransmisor excitatorio más frecuente: Cada neurona tiene el ácido glutámico en su célula como aminoácido libre o parte de proteínas. Causa impulsos nerviosos (potenciales excitatorios postsinápticos) y es especialmente importante en el aprendizaje a corto plazo y la memoria. Asimismo, tiene un papel fundamental en el metabolismo y puede usarse como aditivo en la comida para estimular la percepción del sabor. Se ha detectado un receptor gustativo de glutamato/proteínas de carne llamado Umami. Sin embargo, su sobredosis es tóxica para las neuronas y las células gliales de su alrededor (pudiendo influir en los infartos), y también se ha observado que una liberación repetida descontrolada participa en la epilepsia.

– El sistema gabaérgico deriva el neurotransmisor GABA desde el glutamato y tiene la función contraria: Inhibe y frena los impulsos nerviosos (potenciales inhibitorios postsinápticos). Destacan concentraciones elevadas en el cerebelo, el tálamo y el hipocampo. Es anticonvulsivo y colabora en el control motor y la percepción del tiempo, en el páncreas inhibe la secreción de la hormona glucagón que participa en el metabolismo del glucógeno (aumenta la glucosa en sangre). Las alteraciones de este circuito influyen en las enfermedades de Parkinson, Alzheimer, Huntington, la demencia senil, esquizofrenia, epilepsia y trastornos de ansiedad.

La corteza cerebral es la parte más superficial del telencéfalo y consta de unas seis capas de neuronas especializadas que se organizan con grandes pliegues en lóbulos. Aunque a simple vista parezca una masa homogénea, se puede diferenciar diversas zonas funcionales según las lobulosaferencias que reciben y las eferencias que transportan sus respuestas. En general, se podría decir que es la sede de la conciencia, los pensamientos, las emociones complejas, la atención, la memoria, la personalidad, la ética, la cultura, el lenguaje, la música y el arte, es decir, todo aquello que nos hace especialmente humanos. Para su análisis funcional es recomendable usar la división en áreas por Korbinian Brodmann.

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El lóbulo frontal abarca las zonas responsables del inicio y control del movimiento voluntario y complejo (el área motora primario – 4 de Brodmann y el área motora secundaria – 6 de Brodmann) y de la articulación del lenguaje/habla (área 44, también llamada área de Broca), así como las zonas que permiten el control ejecutivo (parcial o total) de los procesos cognitivos del cerebro y la memoria de trabajo. Es decir, las que permiten la planificación a largo plazo teniendo en cuenta las consecuencias, las decisiones racionales sin influencia emocional, la conciencia, la adaptación inmediata al entorno, el control y la complejización de las emociones y la motivación (los procesos primarios del sistema límbico se hacen más complejos), el comportamiento social (es sede de las normas, la ética y la moral), y facilita la empatía (el ponerse en lugar de otro ser). Son las áreas 8, 9, 10, 11, 12, 45, 46 y 47.  Las áreas 13, 14, 15, 24, 25, 32, 33 rodean al sistema límbico y participan en sus funciones y su transmisión al córtex.

El lóbulo parietal contiene las áreas somatosensorial primaria y de asociación en las áreas 1, 2, 3, 5 y 7 superior, responsables del sentido del tacto (la sensación de las cosas externas al cuerpo y también la del interior del cuerpo). Además, participa en la atención selectiva (cambiar entre estímulos percibidos), el pensamiento espacial y la percepción del lenguaje (áreas 7 inferior, 37 superior, 39 y 40). Por último, también tiene el área responsable del sentido gustativo (43). El surco intraparietal (dentro del lóbulo) es responsable del control del cuerpo (como el movimiento de la mano) respecto a la vista. Igualmente se encuentran las áreas 23, 26, 29, 30 y 31 que participan en el sistema límbico.

El lóbulo occipital procesa la información visual percibida en el área primaria (17) y la secundaria (18 y 19). Las redes de procesamiento se extienden a las áreas 20, 21 y 37 inferior del área temporal.

El lóbulo temporal recibe y procesa la información auditiva en las áreas 41, 42 y 22. Asimismo, se asocia el procesamiento visual con el auditivo en las áreas 20,21 y 37. De especial importancia es el hipocampo, situado en la parte interior (conectado al sistema límbico), que es el centro de la memoria declarativa/explícita (la que se recuerda) y que también reconoce estímulos visuales, auditivos y olfatorios. Está rodeado por las áreas 28 y 34 de la corteza olfatoria, y las áreas 35, 36, 38, 48 y 52 que asocian diversos estímulos de los sentidos y el sistema límbico. El área 38 es uno de los primeros en degradarse en la enfermedad del Alzheimer (Ding, Van Hoesen, Cassell y Poremba, 2009).

Para aclarar, se puede resumir que en la corteza se encuentran, además de las funciones ejecutivas, diferentes áreas responsables del procesamiento primario de la información dada por los sentidos. Conectado a ellos están zonas de asociación, que unen dicha información de manera filtrada con otra, y la conducen a sus respectivos centros de control y de decisión, como el lóbulo frontal. Interesante es el fascículo arqueado, una vía de neuronas que conecta las áreas de procesamiento auditivo del lóbulo temporal con el área de la articulación del habla en el área de Broca. Las lesiones en las diferentes partes cerebrales y/o el desequilibrio de los neurotransmisores son la causa de las enfermedades neurológicas y psicológicas.

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– La información esencial sobre la anatomía del sistema nervioso ha sido abstraída de apuntes de la Profesora de la Universidad de La Laguna Emilia María Carmona Calero.

– La información esencial sobre los sistemas de neurotransmisores ha sido abstraída de diapositivas de los Profesores de la Universidad de La Laguna María Carmen Damas Hernández, Rosa María Arévalo García y Miguel Ángel Castellano Gil.

– Las imágenes 2D proceden de Wikipedia.

– Las imágenes 3D proceden del programa BodyParts3D de Database Center for Life Science.

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– Wurtman, R. & Wurtman, J. (1995). Brain serotonin, carbohydrate-craving, obesity and depression. In: Obesity Research, 3 Suppl 4, S. 477S–480S, PMID 8697046.

Psicología Evolutiva

La psicología evolutiva estudia el cambio de la cognición, el mundo afectivo y el social del ser humano durante su desarrollo y su vida, especialmente en los primeros años (la primera y segunda infancia) y en los últimos (la vejez).

Primera y segunda infancia, maternidad y apego:

Aunque hay modelos más actuales sobre el desarrollo infantil, ninguno ha superado aún el alcance y la significación de la epistemología genética (la construcción del conocimiento desde sus inicios – no usa genética en sentido biológico) de Jean Piaget. Su teoría se basa en el cognitivismo, corriente centrada en los procesos mentales según la cuál el cerebro de una persona procesa información recibida por asimilación (añadiendo información o conocimiento nuevo a ya existente en un esquema) o acomodación (adaptación de un esquema a una nueva manera de entender el mundo). El esquema hace referencia a una construcción de información en el cerebro que permite entender y explicar el mundo. Dicho ésto, según la teoría de Piaget, existen cuatro fases en el desarrollo infantil:

Etapa sensoriomotor de 0 a 2 años: El neonato comienza su desarrollo y la comunicación con la acción motora. Chupa (el acto de dar la leche sigue el patrón de una conversación), toca y agarra, desarrollando su primera función mental, la discriminación o clasificación de objetos. Asimismo, practica la motricidad gruesa y fina creando esquemas de acción o movimiento en el cerebro (las neuronas se conectan) que más tarde se convierten en esquemas de representación. Desde entonces, el niño puede representar mentalmente cosas que no ve (comienza el entendimiento del simbolismo) y termina por adquirir el concepto de permanencia de objeto (que los objetos siguen allí aunque no se vean).

Etapa preoperacional de 2 a 6 años: El niño usa y mejora el simbolismo para referirse a objetos, personas y lugares. Aprende el lenguaje. Psicológicamente comienza a ser capaz de avanzar y retroceder en el tiempo, y entiende algunas funciones. Destaca el fuerte egocentrismo en su percepción y explicación de su entorno, y en su moral. Entre el egocentrismo social encontramos el fenomenismo (él es la causa de un acontecimiento), el finalismo (cada cosa tiene una finalidad o función concreta), el artificialismo (todo lo que existe fue creado por el humano) y el animismo (las cosas tienen vida). El egocentrismo cognitivo hace referencia a la concentración en una cosa con ignorancia de las demás, lo que impide que pueda pensar de manera lógica (sí de manera intuitiva) y realizar operaciones mentales reversibles. El egocentrismo moral se refleja en la adopción y defensa de reglas impuestas por otros, la invariabilidad de las normas y la identificación de un error como una falta que debe ser castigada, por lo que es necesaria la búsqueda de un culpable. Por último, comienza la empatía, el ponerse en el lugar del otro.

Etapa operacional de 7 a 11 años: Se ha desarrollado la lógica y el niño puede hacer operaciones mentales reversibles con objetos presentes, es decir, reconoce que un objeto posee las mismas propiedades aunque cambie de forma (conservación), entiende la causalidad, funcionalidad y lo usa para resolver problemas. Desaparece el egocentrismo y puede contrastar diferentes puntos de vista sobre la realidad.

Etapa formal desde los 12 años: Las operaciones mentales se pueden realizar de manera abstracta sin que los objetos o las variables estén presentes. Se inicia el pensamiento teórico-científico, la deducción e inducción. Se afianzan del todo la lógica, la causalidad y la conservación. En la moral se parte de la heteronomía moral (las normas impuestas por otros) a la valoración y creación de valores propios (autonomía moral), a reglas que son producto de un acuerdo y que dependen de la interpretación (tienen excepciones). Además, las sanciones deben ser proporcionales a la falta y específicas.

Cabe destacar las aportaciones de Lev Vygostki que permiten otro punto de vista sobre la psicología de desarrollo infantil. Para Vygotski, los neonatos nacen con una serie de funciones mentales elementales (atención, sensación, percepción y memoria) que se transforman, con la interacción con la cultura y las personas de su entorno, en procesos/funciones mentales superiores nuevos y más complejos. Afirmó que la evolución de los procesos cognitivos sigue un espiral de aprendizaje que pasa una y otra vez por el mismo lugar pero en un nivel superior, y que está determinado por la zona de desarrollo próximo (el desarrollo o aprendizaje potencial o posible del niño al que puede llegar con tutorización y cooperación con iguales). El ejemplo más claro de la diferencia entre este enfoque y el de Piaget es el lenguaje. Mientras que Piaget afirmó que el lenguaje es un efecto secundario del desarrollo del pensamiento, y por lo tanto surge como su consecuencia, Vygostky afirmó que es el lenguaje lo que da lugar al pensamiento (el hablar con otros producía el habla interna).

Un tema especialmente importante en los primeros años de vida es la maternidad y el desarrollo del apego. La definición actual psicológica de maternidad la declara como un sistema de relación estrecha entre la pareja cuidador-hijo en la que todos los elementos de la interacción se sincronizan. Es decir, el cuidador (que puede ser cualquiera – no existe un instinto de maternidad) se ajusta a las demandas del bebé para detectar y anticipar las necesidades del niño. Esta interacción es el comienzo de la socialización y el primer lazo afectivo que dará lugar al desarrollo del apego. El apego es un vínculo afectivo que crea seguridad y confianza y que permite al niño explorar el entorno desde una base segura. Socializar un bebé es desarrollar el apego. Según John Bowlby existen cuatro fases en su evolución:

– De 0 a 3 meses existe una orientación positiva hacia todas las personas sin reconocimiento de las figuras cuidadoras.

– De 3 a 7 meses comienza una interacción privilegiada con las figuras familiares, aún sin rechazar a los extraños. Surge una sonrisa y un llanto diferencial con las figuras de apego reconocidas. Hay llanto cuando la figura de apego no se encuentra.

– De los 8 a los 24 meses se establece el vínculo afectivo con el cuidador y existe miedo ante los extraños. Se busca la proximidad y seguridad para las acciones exploratorias.

– De 24 meses en adelante, desarrollando el concepto de objeto permanente, existe menos dependencia y búsqueda de proximidad de los cuidadores para la exploración, pues el niño sabe que siguen en algún lado aunque no los vea.

A partir de esta descripción Mary Ainsworth creó una evaluación del apego llamada Paradigma del extraño. Sus resultados ofrecieron cuatro tipos de apego diferentes (que han recibido duras críticas – Chisholm los identifica como respuestas adaptativas).

– Apego seguro: Existe un vínculo establecido entre cuidadores y niño, que explora libremente en presencia de su figura de apego, se muestra inquieto ante las separaciones y desconocidos, y la busca cuando se siente apenado o quiere consuelo.

– Apego resistente: El vínculo es inseguro, el niño explora poco, sufre mucho ante separaciones y se comporta de forma ambivalente tras el reencuentro.

– Apego de evitación: El vínculo también es inseguro, el niño evita cualquier contacto con desconocido al igual que con su figura de apego. No sufre por las separaciones.

– Apego desorientado: El último tipo de vínculo inseguro, es una combinación del apego resistente y el de evitación.

Pubertad y adolescencia:

Ante la ley las personas son adultas desde los 18 años. Psicológicamente, se defiende que la adolescencia, que comienza con los 12-13 años, se extiende al menos hasta la mitad de la década de los 20 pues y que se dan dos cambios principales en las personas. En primer lugar, durante la pubertad, ocurre un conjunto de cambios físicos que transforman el cuerpo infantil en un cuerpo adulto con los caracteres sexuales secundarios desarrollados (aparición de pelo, aumento de músculos, crecimiento de pene, ensanchamiento de cadera, aumento de pechos, etc.) y capacidad de reproducción. En segundo lugar, ocurre la adolescencia, un periodo psicológico (causado por los cambios biológicos) caracterizado por la redefinición de la propia individualidad, la desvinculación afectiva de los padres, el acercamiento a iguales, el descubrimiento y la definición de la sexualidad, la valoración de la moral y de los valores aprendidos, y la definición y consolidación de los roles sociales y de género, y del propio lugar en ellos.

Bernice Neugarten afirma que el hecho de que la pubertad ocurra en un momento esperado genera menos estrés y dificultades en las personas que una pubertad temprana o tardía. En general, las consecuencias psicológicas son algo menos favorables para las chicas (se encuentran mayor irritabilidad, estados deprimidos) con frecuentes valoraciones negativas de los cambios, sobre todo con la maduración precoz (en cuyo caso también se observan mayor incidencia de  trastornos alimenticios, consumo de drogas, actividades delictivas o antisociales y relaciones sexuales precoces y poco planificadas). Los chicos, sin embargo, suelen valorarse de manera más positiva, aunque también aumentan las conductas antisociales y problemáticas. La pubertad tardía es peor recibida por los chicos que se ven en una situación de desventaja. Ésto por supuesto depende de las influencias culturales.

Respecto al desarrollo de la personalidad, muchos rasgos que se encuentran bastante definidos en los niños sufren una redefinición y un afianzamiento durante la adolescencia. Muchos trastornos relacionados con la personalidad tienen sus inicios en la adolescencia.

Igualmente, se redefine el autoconcepto (la imagen de las características que una persona tiene de sí misma). En los primeros momentos, esta compuesto por abstracciones (ideas) que integran algunas características relacionadas entre sí. Pero el adolescente aún no dispone del control cognitivo necesario para construir una imagen completa de sí mismo. Con el avance de la adolescencia se establecen las primeras conexiones entre abstracciones y rasgos de él estables. Luego, cuando la capacidad de organizar las abstracciones permite tener abstracciones de orden superior, es capaz de integrar sus pensamientos y características en un autoconcepto coherente (un yo real). Susan Harter destaca la posible creación de un falso yo, un comportamiento o una representación hacia fuera incoherente con el mundo interior del adolescente que se debe a un intento de agradar y ser aceptado por los demás.

La autoestima (valoración y afección ligada al autoconcepto) también sufre un cambio. Como dicho anteriormente, la valoración de sí mismo por las chicas suele ser más negativa que la de los chicos, sobre todo en los primeros años de la pubertad. Influencias positivas son una alta cohesión familiar, una percepción positiva por parte de los padres, padres afectivos, y el aprecio por los amigos.

Desde el punto de vista de la antropología y de la psicología social existe otro concepto relevante que sufre grandes cambios: la identidad (la suma del autoconcepto, la personalidad, las experiencias, los roles sociales adoptados y la presentación hacia fuera que distingue de los otros). Para Erik Erikson la adolescencia supone una crisis en la socialización y el desarrollo de la identidad, que puede resolverse positiva o negativamente, valorando la ya existente y/o buscándose una nueva propia o adoptando una del entorno. Su desarrollo depende en gran medida del entorno familiar y puede llevar muchos años:

– En familias democráticas, donde hay participación y un compromiso en las decisiones y que alientan a sus hijos a la exploración y el proceso de individualización, suele desarrollarse una identidad personal lograda. Esta se define por su firmeza y madurez, dándose personas más autónomas, con mayor autoestima y confianza, menos ansiedad y un estado emocional más positivo y estable.

– En familias autoritarias, donde la conducta y las normas son impuestas, suele desarrollarse una identidad hipotecada. Esta se caracteriza por consistir de creencias y normas impuestas por otros (por ejemplo, las tradiciones) sin haber pasado por un proceso de individualización. Da lugar a personas con rasgos positivos y negativos, como una alta autoestima y baja ansiedad, pero actitud conformista, obediente, rígida, dependiente y autoritaria.

– En familias permisivas, donde existe poco o ningún control y alta indeferencia en la relación de padres-hijo, también predomina la identidad hipotecada pero de índole permisiva. Asimismo, se suele encontrar una identidad de difusión que consiste en un estancamiento de la búsqueda de identidad o exploración, llegándose a ninguna búsqueda o compromiso. Ésta resulta ser la más desadaptativa y aparece asociada a trastornos psicológicos con niveles altos de ansiedad y síntomas depresivos.

– Por último, para completar el escenario de posibles identidades, se puede mencionar la identidad en moratoria, que no es nada más que la identidad durante el desarrollo (en el proceso de búsqueda y experimentación) y que suele partir de una identidad de difusión y se presenta antes de la adopción de la identidad lograda o hipotecada.

Otro factor importante que influye en la búsqueda de identidad es la cultura. La cultura occidental, de tendencia individualista, define a la identidad lograda personal como la mejor. Mientras que otras culturas como la oriental, defienden una identidad más colectiva.

Finalmente, en el tema de la moral y ética, cabe destacar, además del paso de la heteronomía a la autonomía (descrita al final de la primera y segunda infancia) y el desarrollo de la empatía, que con la llegada de la adolescencia incrementan o se intensifican los comportamientos prosociales y antisociales y delictivas. Los chicos suelen presentar acciones instrumentales de ayuda en situaciones peligrosas o arriesgadas, o pueden implicarse en actividades más graves y violentas. Las chicas suelen proporcionar apoyo verbal y emocional, mientras que por otro lado, se pueden presentar robos, fugas de casa o delitos de carácter sexual. Factores que median en estas variables son la supervisión y el control familiar, la comunicación con los padres y el rendimiento escolar. Bajo control, baja comunicación y fracaso escolar influyen mucho en los comportamientos delictivos.

Adultez:

En la edad adulta no suelen ocurrir grandes cambios en el individuo. Sin embargo, sí es importante que la concepción sobre la adultez en la psicología ha cambiado. Mientras que las corrientes tradicionales defendían la maduración psicológica, es decir que se crecía y desarrollaba hasta llegar a un óptimo (Piaget) y luego se empeoraría hasta morir, hoy en día en el modelo del ciclo vital se afirma que el cambio en la persona nunca para, ni sigue una sola dirección. Por lo tanto, siempre se puede desarrollar o empeorar capacidades, en múltiples direcciones, aprender y olvidar, cambiar de actitudes, personalidad e identidad. Ejemplo de ello son los resultados científicos sobre la plasticidad neuronal. Aunque la creación de neuronas nuevas sea mucho más lenta, existe. Además se crean y eliminan conexiones neuronales. Se puede aprender nuevas habilidades. Incluso muchas lesiones leves del sistema nervioso, por accidentes o depresiones, pueden llegar a curarse. En conclusión, la edad adulta se define por seguir en un continuo cambio y estar llena de posibilidades.

Vejez:

La vejez hace referencia a un periodo evolutivo caracterizado por la disminución lenta de diversas facultades (sobre todo biológicas) y el aumento de algunas otras (psicológicas).

A los 60 años se ha perdido alrededor del 70% de la visión y un 60% de la audición de sonidos agudos. La musculatura comienza a disminuir progresivamente desde los 30 años, siendo un 60% menor a los 80, si se lleva una vida sedentaria. La densidad de los huesos disminuye desde los 40, en especial por sedentarismo, el consumo de tabaco y café, y deficiencias nutricionales. En el sistema cardiovascular disminuye la capacidad de contracción/relajación del corazón, y aumenta la hipertensión y esclerosis (la rigidez y el cierre) de los vasos sanguíneos. Respecto al cerebro y el sistema neuronal, se estima que se pierden unas 100.000 neuronas al día, especialmente en la corteza cerebral y el hipocampo (donde está la memoria, con lo que disminuye la memoria de caras, la prospectiva y la episódica), quedándose un 25% al final de la vida (se compensa parcialmente con la plasticidad neuronal por creación de neuronas nuevas y establecimiento de más conexiones). Igualmente disminuyen los neurotransmisores. En el lenguaje se mantienen los niveles fonológico, léxico y sintáctico, pero disminuyen el nivel semántico (lo que se compensa con circunloquios) y la fluidez verbal (compensada por vocabulario). Todos estos cambios no suelen dificultar la vida cotidiana.

Especial importancia tienen las enfermedades debidas a las carencias o sobredosis de nutrientes y el sedentarismo, como la diabetes, hipertensión e hipercolesterolemia crónica o la osteoporosis. También hay mayor incidencia de cáncer y de enfermedades neurodegenerativas.

En general se recomienda la realización de ejercicio aeróbico durante varios días a la semana (fortalece el tejido muscular, crea osteocitos y entrena la capacidad cardiorrespiratoria), una dieta equilibrada rica en vitaminas B y D, minerales y suficientemente agua (1,5 a 2 litros diarios) pues la sensación de sed se pierde con la edad, y ejercicio mental para mantener las conexiones neuronales.

Entre los cambios positivos encontramos una mejora en la capacidad de juicio, razonamiento y mayor riqueza de vocabulario. Mayor estabilidad económica y un equilibrio alto en el nivel de satisfacción con la vida.

Especial relevancia tienen diversos acontecimientos de riesgo que pueden llevar a crisis personales. Por ejemplo, se observa el síndrome de nido vacío cuando los hijos dejan el hogar y la identidad (y el sentido de la vida) de los padres se tiene que redefinir. A menudo, la llegada de nietos reemplaza esta función. También es importante la muerte de la pareja, el abandono y la falta de apoyo por la familia o una enfermedad grave y la necesidad de cuidados.

Existen diversos tests para evaluar las necesidades físicas, psicológicas y sociales de las personas mayores: Las escalas Barthel y Lawton-Brody se centran en la dependencia y la capacidad para realizar actividades de la vida cotidiana. Los tests de Pfeiffer y Yesavage evalúan el rendimiento cognitivo (posible demencia) y el mundo emocional. Los cuestionarios de Filadelphia y Gijón analizan la satisfacción social y los recursos sociofamiliares.

Concluyendo, a pesar de los efectos aparentemente negativos, es necesario ver el envejecimiento desde un punto de vista positivo, fomentando el desarrollo de las nuevas etapas de la vida y sacar el mayor provecho posible del mundo psicológico, emocional, social y también sexual. Hay que envejecer de manera sana y enriquecida.

Referencias:

– La información esencial sobre la primera y segunda infancia, la maternidad y el apego ha sido abstraída de apuntes del Profesor de la Universidad de La Laguna Esteban Torres Lana, y completada con el libro Psicología del Desarrollo. Volumen 1: Desde el nacimiento a la primera infancia de Corral, A; Delgado, B; García, M; Giménez, M. y Mariscal, S; 2008. Ed: McGraw-Hill

– La información esencial sobre la pubertad y adolescencia ha sido abstraída de apuntes de la Profesora de la Universidad de La Laguna Elena Conde Miranda.

– La información esencial sobre la vejez ha sido abstraída de apuntes del Profesor de la Universidad de La Laguna Pedro Javier Castañeda García.

– Los apuntes han sido elaborados por Sabrina Martín Marrero y complejatos por mí.