Emoción

En la cultura popular se usan muchos términos distintos para describir las vivencias emocionales que nos impactan cada día, lo que puede llevar a cierta confusión a la hora de explicarlas. Por ello, para facilitar la investigación en la psicología, se han destripado las diferentes palabras y sus conceptos, y delimitado sus campos:

– El estado de ánimo es una condición mental prolongada y duradera que contiene un componente emocional y que influye en, y se entrelaza con, los demás componentes cognitivos del individuo, como la eficiencia de la memoria, la atención o la consciencia. Juega un papel importante en la disposición de la motivación y parece funcionar como un estado de preparación en los organismos para la percepción o el procesamiento de ciertos estímulos o de ciertas respuestas (von Uexküll, 1963), y de vivencias de emociones relacionadas. Así por ejemplo, se pueden diferenciar como estados de ánimo el bien o malestar general, ser alegre o contento, optimista, melancólico o asustado. Entre los trastornos del estado de ánimo se encuentran el trastorno afectivo bipolar, las depresiones y las manías.

– Los sentimientos se forman por la percepción e interpretación de las emociones por la cognición (los pensamientos, el recuerdo, etc. en participación con la corteza cerebral). Es decir, son emociones con un significado atribuido. Pueden variar mucho dentro de la persona o entre las situaciones y las personas en general, por lo que se puede decir que es una experiencia muy subjetiva e individual. Un ejemplo son los valores éticos y morales.

– Las emociones son reacciones fisiológicas específicas relativamente cortas y precisas ante la percepción de ciertos estímulos de un evento, de una situación o de pensamientos. Sirven como un mecanismo de adaptación al entorno (como brújula o guía), para la comunicación social, y tienen un impacto inmediato en el cuerpo (por el sistema límbico y el sistema nervioso autónomo), la percepción, consciencia, memoria (influyen en la intensidad del recuerdo), motivación y atención (puede dirigirla). Las investigaciones de Paul Ekman distinguieron entre emociones primarias o básicas innatas (ya existentes al nacer), como reacciones guías dirigidas a estímulos del entorno natural, y emociones secundarias, cognitivas superiores o culturales, que son predisposiciones innatas a desarrollar emociones dirigidas a estímulos del entorno social. Sin embargo, Ekman ha sido criticado por no investigar otras emociones importantes como la excitación sexual, el apego o la curiosidad, y como tal, se puede decir que, en general, la cantidad de emociones identificadas depende de la línea de investigación. Así por ejemplo, mientras que las teorías antiguas recogen cuatro tipos de emociones (miedo, ira, alegría y tristeza), teorías más recientes identifican hasta diez (Izard, 1981) o incluso más (en la entrada inglesa de Wikipedia hay 73). Por último, cabe destacar que aún está por explorar del todo el rol de la empatía en la reproducción espejo de emociones experienciadas por otros.

Protoemociones

Son las reacciones más puras y simples ante los estímulos recibidos por un ser vivo. Pueden ser positivas/de bienestar/de placer, conllevando el acercamiento o la búsqueda del estímulo, o negativas/de malestar/dolor, conllevando el alejamiento y la evitación del estímulo. Un ejemplo es el movimiento del plancton marino hacia la luz del sol, lo que facilita el metabolismo, el crecimiento y la reproducción.

Emociones primarias o básicas

Las emociones primarias se caracterizan por aparecer en todas las culturas del ser humano, por ser innatas (aparecen en los primeros meses de vida, incluso en bebés con alguna minusvalía), por iniciarse con rapidez de manera inconsciente (antes de que la corteza cerebral pueda controlar su expresión), por tener una base neurofisiológica propia (única en el miedo y el asco (Hennenlotter & Schroeder, 2006)), y por tener una expresión facial propia (incluso en ciegos). Se dirigen a la comunicación de eventos, situaciones o pensamientos sobre el entorno natural muy importantes para la supervivencia, así por ejemplo, el miedo y la ira son dos caras de la expresión de huída o lucha ante alguna amenaza, y el asco protege contra la ingesta de sustancias venenosas o peligrosas.

La sorpresa o el susto es una respuesta refleja defensiva ante la percepción de un estímulo sensorial inesperado (ruido, movimiento, tocar algo…) que suele conllevar el paro de cualquier acción efectuada en ese momento, una reacción de huida o lucha y una activación fisiológica que pone a disposición energía y permite recoger más información del entorno. Así, se observan, como reacción facial típica una elevación de las cejas, la apertura de los ojos, la dilatación de las pupilas y la apertura de la boca y de los dientes, y una tensión de los músculos del cuerpo (principalmente en las extremidades). Cuando un estímulo no es suficientemente intenso como para un susto se produce una respuesta de orientación hacia dicho estímulo (llama la atención) para analizarlo. Neurológicamente se han observado la participación del arco reflejo en la médula espinal, de la amígdala y del hipocampo (Lee, 1997), entre otras.

La alegría parece funcionar a partir de una reacción espontánea placentera o agradable ante una sorpresa que, más que amenaza, es una novedad desconocida o contraria a la información ya conocida o aprendida (Sprender, 2009). La información de un chiste, por ejemplo, se procesa primero por las áreas auditivas, luego por el lóbulo frontal y el hipocampo (dónde es identificada como incoherente, desconocida o nueva), lo que, a su vez, conlleva la activación de la expresión facial de la risa (la formación de la sonrisa) y del circuito de recompensa con la consecuente liberación de dopamina (ver el apartado de “sistema colinérgico” en la entrada del blog “Los componentes del sistema nervioso y sus funciones”).

La tristeza es una respuesta emocional que aparece ante estímulos negativos, como la pérdida de algo valorado, el fracaso, la desesperación, el peligro o el dolor físico o psicológico, y que puede conllevar la disminución de motivación, bienestar y crisis emocionales. Parece participar en la reestructuración neuronal del aprendizaje, como en la aceptación y curación del luto por algún ser querido. Como expresión facial destacan el ceño fruncido y la forma de U invertida de la boca y las comisuras de los labios. Las estructuras neuronales activadas durante esta emoción son las áreas temporales anteriores (George, Ketter, Parekh, Horowitz & Herscovitch, 1995), las áreas temporales mediales y posteriores, el cerebelo lateral, el putamen y el núcleo caudado (Ahern, Davidson, Lane, Reiman & Schwarz, 1997) y la corteza prefrontal (el área 9 de Brodmann) y el tálamo.

La ira es una respuesta a un estímulo percibido o interpretado como amenazante u ofensa que aumenta los recursos disponibles (la frecuencia respiratoria, la presión sanguínea, el pulso, los niveles de adrenalina y noradrenalina, etc.) para una conducta de enfrentamiento más eficaz, aunque también puede disminuir la autorregulación, empatía y objetividad, y dar lugar así a comportamientos y consecuencias no intencionadas. Otros efectos son un ceño fruncido, una boca y orificios nasales abiertos, la elevación de la voz, la tensión de los músculos, una menor percepción del riesgo, mayor predisposición a realizar conductas o decisiones arriesgadas y mayor motivación y atención. Fisiológicamente aumentan la actividad en el sistema límbico (amígdala), el tálamo y las áreas orbitofrontales de los lóbulos frontales (Potegal & Stemmler, 2010) y se libera hormonas de estrés en los riñones.

El miedo hace referencia a una emoción que ocurre ante un estímulo amenazante potencialmente fuerte, poderoso o incontrolable, y por lo tanto peligroso para la integridad física o psicológica y la supervivencia. A diferencia de la ira, se aumentan los recursos disponibles para una acción de huida o una rendición. En casos de miedo intenso pueden darse incluso temblores o una parálisis. En la cara destaca sobre todo la apertura de los ojos. Los circuitos neurológicos implicados son el tálamo, el hipotálamo y la amígdala, y el hipocampo y la corteza prefrontal en la formación de recuerdos sobre el miedo. LeDoux (2002) propuso dos vías neuronales que llegan a la amígdala, siendo una (directa desde el tálamo) responsable de una acción rápida e imprecisa (como en una sorpresa), y otra (indirecta desde el tálamo pasando la corteza)  responsable de una acción más lenta que permite un análisis de los estímulos y una respuesta más adecuada. La participación de los centros de la memoria hace posible la aparición de fobias, cuando estímulos neutros se asocian a estímulos que producen miedo, dándose la misma reacción sin presencia del estímulo original (condicionamiento clásico).

El asco es una muestra de disgusto o repulsión a algún estímulo ofensivo o desagradable. Ocurre sobre todo en el gusto, aunque también se da por olfato, tacto y visión. La estructura neuronal participativa es la parte anterior de la ínsula (Wicker, Keysers, Plailly, Royet, Gallese & Rizzolatti, 2003) , una región cerebral que conecta los lóbulos temporales y parietales, y que colabora en el procesamiento del gusto y el olfato, y que tiene conexiones con las áreas auditivas, somatosensoriales y premotoras.

Respecto al llanto, como puede darse en participación con las diferentes emociones básicas, aún no se conoce con certeza su función. Se sostiene, entre otras teorías, que puede ser una conducta de comunicación no verbal de búsqueda de ayuda altruista (Roes, 1989).

Emociones secundarias, cognitivas superiores o culturales

Las emociones secundarias se caracterizan por tener un componente genético menor que las emociones básicas. Por ello, se desarrollan, con la participación de las emociones primarias, durante el crecimiento y su manifestación depende del aprendizaje, la socialización y de la cultura. Sobre este tipo de emociones es donde mayor debate científico existe pues se pueden manifestar de muchas formas y aún quedan muchas por investigar y describir.

El amor hace referencia, en general, a un vínculo afectivo positivo muy fuerte y resistente en relación con cosas o seres, que puede ser fuente de emociones positivas (como la alegría) o negativas (tristeza, ira, celos…), y que puede variar mucho (amor por la familia, por las mascotas, por un hobby, por amigos, por la pareja, etc.). Su formación depende del tipo y de la fase de relación, la cultura (como las expectativas sobre lo que es y como debería ser) y de la participación de las cogniciones y las emociones. Mientras que el amor por familiares, mascotas o amigos puede ser explicado por teorías del apego, el amor de pareja o romántico (aunque también dependa del apego) parece ser más complicado.

– Durante el enamoramiento (generalmente al principio de una relación) aumenta la actividad del circuito del placer, la liberación de neurotransmisores y hormonas como la dopamina, la oxitocina o la vasopresina, así como la liberación de sustancias (neurotrofinas) que facilitan la modificación neuronal y el aprendizaje (Emanuele, Politi, Bianchi, Minoretti, Bertona & Geroldi, 2006). Esto produce estados de euforia y emociones positivas, así como la vinculación a la otra persona, por ejemplo en forma de necesidad y de confianza. Sin embargo, la liberación de neurotransmisores se extingue poco a poco a lo largo del tiempo, hasta que, al cabo de máximo dos años, se termine. Es común que el enamoramiento cause un cambio en la conducta para corresponder con las expectativas de la pareja, lo que, al disminuir la euforia, haga que aparezcan decepciones (expectativas no cumplidas) y desilusiones (la actualización de la imagen de la pareja hacia la realidad), que son la razón de muchas rupturas.

En un metaanálisis de Graham (2010) sobre las diferentes teorías e investigaciones sobre el amor se han descrito tres factores diferentes sobre las relaciones según su origen, la activación neurofisiológica y sus características:

– La amistad práctica hace referencia a las relaciones de pareja que surgen de la amistad y que se forman por utilidad. Están menos relacionadas con satisfacción y duración de la relación, y entran más en la categoría de amistad.

– La obsesión romántica se caracteriza por la activación de regiones cerebrales que también se activan en las manías (como en el trastorno obsesivo-compulsivo), apareciendo así una experiencia de amor de dependencia (la autoestima y el bienestar dependen de la pareja). Aparece sobre todo en parejas jóvenes y es el tipo de relación potencialmente de menor duración y de menor bienestar/satisfacción por la ansiedad, inseguridad y la intensidad de las emociones y de las experiencias. En la maduración de la pareja o en parejas antiguas los componentes obsesivos y de dependencia disminuyen y/o desaparecen.

– El amor romántico y/o amor amistad (relacionadas o diferentes según la línea de investigación) consiste, a diferencia de la obsesión romántica, únicamente de la activación del centro de recompensa ante la pareja. Es el tipo de relación con mayor satisfacción y duración, y gira entorno a la pasión y el deseo sexual (aunque no son necesarios), la intimidad, la atracción, el interés, la atención, la confianza y la amistad (diferente a la amistad práctica) por el otro.

El celo es una reacción emocional que aparece ante la anticipación de la pérdida de algo valorado (como la pareja) y que se manifiesta por miedo, disgusto, ira, tristeza o inseguridad. Los desencadenantes dependen mucho del aprendizaje de la experiencia previa y de la cultura, aunque ya los bebés son capaces de sentirlo (Hart, 2002). Estadísticamente, las mujeres reaccionan más celosas ante infidelidad o pérdida de las relación de intercambio emocional, mientras que los hombres reaccionan más celosos ante la infidelidad o pérdida de relación sexual (Levy & Kelly, 2010).

La envidia es resultado de la percepción de carencia de la superioridad, un logro o una posesión de otra persona o algo. Puede dar lugar al deseo de obtener la igualdad mediante dos formas: la obtención de lo que se ha percibido como carencia, o la perdida de lo que la otra persona tenía. Por lo tanto, puede ser algo positivo (cuando motiva para alcanzar algo (van de Ven, Zeelenberg & Pieters, 2009)) o algo negativo (cuando motiva para quitar o eliminar algo). En un experimento curioso (Brosnan & de Waal, 2003) con monos capuchinos se ha mostrado cómo los monos que no recibían recompensa tras una tarea (mientras que otros sí la recibían) se negaban a seguir haciendo tareas o a colaborar. En personas con un trastorno de personalidad narcisista se han observado una mayor envidia y más pensamientos acerca de que otras personas tienen envidia del afectado.

La culpabilidad es una emoción negativa (de malestar) que surge de la percepción, la creencia o el conflicto de haber hecho (o no hecho) algo contrario a lo esperado o exigido por uno mismo o por los demás. En combinación con la responsabilidad (tener a dependencia el bienestar y la integridad física y psicológica de un ser o de una cosa) es parte fundamental de la consciencia (como guía de la conducta), la ética, la moral y del ámbito jurídico. En el trastorno de personalidad antisocial (antiguamente psicopatía o sociopatía) es posible activar y desactivar la empatía (Keysers, 2011), lo que conlleva que un criminal con este trastorno sienta más culpabilidad por haber sido arrestado (haberse dejado arrestar) que por sus víctimas.

La vergüenza puede hacer referencia a una reacción emocional negativa de inseguridad ante la exposición de la intimidad, de vulnerabilidad, de la mentira o de falta de competencia, o a una reacción de desagrado ante la comparación de algo hecho (o no hecho) con los valores sociales (por ejemplo, eructar en un entorno que no lo acepta). Está muy relacionado con el concepto de honor. Conductualmente puede aparecer una ruborización de la cara, la evitación de la mirada y el contacto ocular, y la ocultación/huida. Por último, se podría decir que la timidez proviene de la inseguridad y la vergüenza.

El orgullo es una emoción positiva que surge de la valoración positiva por un individuo hacia las acciones, logros, características, capacidades o creencias sobre sí mismo o sobre otra persona o cosa (por ejemplo, orgullo por algún familiar u orgullo por un país), como los que pueden darse en comparación con otros, la superación de un reto o por la valoración social. Como lenguaje no verbal destacan una postura erguida, la extensión de brazos y la elevación de la cabeza, lo que (igual como el uso de decoración en forma de medallas, ropa, etc.) puede mostrar un estatus social. Cuando existe una disonancia entre el orgullo mostrado y el que, desde un punto de vista social, corresponde realmente se habla de arrogancia y de soberbia. En casos extremos puede llevar a la desvaloración e intolerancia de otras personas, cosas, culturas o religiones.

El desconcierto es una reacción de inseguridad y confusión, estrechamente relacionada con la respuesta de orientación o la sorpresa, ante información nueva, contraria a la ya conocida o cuando es demasiada. Normalmente conlleva la demora en la decisión o en la realización de una conducta. En casos graves puede llevar a la pérdida de orientación o la entrada en el estupor, y puede ser síntoma de una lesión o una enfermedad cerebral.

Referencias:

– La información esencial sobre las emociones se ha abstraído de diapositivas del Profesor de la Universidad de La Laguna José Miguel Díaz Gómez.

– Ahern, G.L., Davidson, R.J., Lane, R.D., Reiman, E.M. & Schwartz, G.E. (1997). Neuroanatomical Correlates of Happiness, Sadness, and Disgust. The American Journal of Psychiatry, 926-933.

– Brosnan, S.F. & de Waal, F.B.M. (2003). Monkeys reject unequal pay. Nature, 425, 297-299. doi:10.1038/nature01963

– Emanuele, E., Politi, P., Bianchi, M., Minoretti, P., Bertona, M. & Geroldi, D. (2006). Raised plasma nerve growth factor levels associated with early-stage romantic love. Psychoneuroendocrinology31(3), 288–294.

– George, M.S., Ketter, T.A., Parekh, P.I., Horowitz, B., Herscovitch, P., Post, R.M. (1995). Brain activity during transient sadness and happiness in healthy women. Am J Psychiatry, 152:341–351

– Graham, J.M. (2010). Measuring love in romantic relationships: A meta-analysis.  Journal of Social and Personal Relationships, 28. doi: 10.1177/0265407510389126.

– Hart, S. (2002). Jealousy in 6-month-old infants. Infancy, 3, 395–402.

– Hennenlotter, A. & Schroeder, U. (2006). Partly dissociable neutral substrates for recognizing basic emotions: a critical review. Progress in Brain Research. 156, Elsevier.

– Keysers, C. (2011). The Empathic Brain. Social Brain Press.

– Izard, C.E. (1981). Die Emotionen des Menschen. Eine Einführung in die Grundlagen der Emotionspsychologie. Weinheim/Basel.

– LeDoux, J. (2002). El aprendizaje del miedo: de los sistemas a las sinapsis. En I. Morgado (Coord), Emoción y conocimiento (pp. 107-134). España: Tusquets.

– Levy, K.N. & Kelly, K.M. (2010). Sex Differences in Jealousy. A Contribution From Attachment Theory, Psychological Science, 21 (2), S. 168–173

– Lee, Y. (1997). Role of the Hippocampus, the Bed Nucleus of the Stria Terminalis, and the Amygdala in the Excitatory Effect of Corticotropin-Releasing Hormone on the Acoustic Startle Reflex. The Journal of Neuroscience,p.6434

– Potegal, M. & Stemmler, G. (2010). International Handbook of Anger.Chapt 4: Constructing a Neurology of Anger.

– Roes, F.L. (1989). On the Origin of Crying and Tears. Human Ethology Newsletter, 5 (10): 5–6.

– Sprenger, M.B. (2009). The Leadership Brain For Dummies. John Wiley & Sons. p. 50. ISBN 9780470600054

– van de Ven N., Zeelenberg, M. & Pieters R. (2009). Leveling up and down: the experiences of benign and malicious envy. Department of Social Psychology, Tilburg Inst. for Behav. Econ. Res.

– von Uexküll, T. (1963). Grundfragen der psychosomatischen Medizin. Rowohlt Taschenbuch, Reinbek bei Hamburg

– Wicker, B., Keysers, C., Plailly, J., Royet, J.P., Gallese, V. & Rizzolatti, G. (2003). Both of us disgusted in my insula: the common neural basis of seeing and feeling disgust. Neuron, 40 (3): 655–64. doi:10.1016/S0896-6273(03)00679-2.PMID 14642287.

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