Mes: febrero 2013

Psicología Evolutiva

La psicología evolutiva estudia el cambio de la cognición, el mundo afectivo y el social del ser humano durante su desarrollo y su vida, especialmente en los primeros años (la primera y segunda infancia) y en los últimos (la vejez).

Primera y segunda infancia, maternidad y apego:

Aunque hay modelos más actuales sobre el desarrollo infantil, ninguno ha superado aún el alcance y la significación de la epistemología genética (la construcción del conocimiento desde sus inicios – no usa genética en sentido biológico) de Jean Piaget. Su teoría se basa en el cognitivismo, corriente centrada en los procesos mentales según la cuál el cerebro de una persona procesa información recibida por asimilación (añadiendo información o conocimiento nuevo a ya existente en un esquema) o acomodación (adaptación de un esquema a una nueva manera de entender el mundo). El esquema hace referencia a una construcción de información en el cerebro que permite entender y explicar el mundo. Dicho ésto, según la teoría de Piaget, existen cuatro fases en el desarrollo infantil:

Etapa sensoriomotor de 0 a 2 años: El neonato comienza su desarrollo y la comunicación con la acción motora. Chupa (el acto de dar la leche sigue el patrón de una conversación), toca y agarra, desarrollando su primera función mental, la discriminación o clasificación de objetos. Asimismo, practica la motricidad gruesa y fina creando esquemas de acción o movimiento en el cerebro (las neuronas se conectan) que más tarde se convierten en esquemas de representación. Desde entonces, el niño puede representar mentalmente cosas que no ve (comienza el entendimiento del simbolismo) y termina por adquirir el concepto de permanencia de objeto (que los objetos siguen allí aunque no se vean).

Etapa preoperacional de 2 a 6 años: El niño usa y mejora el simbolismo para referirse a objetos, personas y lugares. Aprende el lenguaje. Psicológicamente comienza a ser capaz de avanzar y retroceder en el tiempo, y entiende algunas funciones. Destaca el fuerte egocentrismo en su percepción y explicación de su entorno, y en su moral. Entre el egocentrismo social encontramos el fenomenismo (él es la causa de un acontecimiento), el finalismo (cada cosa tiene una finalidad o función concreta), el artificialismo (todo lo que existe fue creado por el humano) y el animismo (las cosas tienen vida). El egocentrismo cognitivo hace referencia a la concentración en una cosa con ignorancia de las demás, lo que impide que pueda pensar de manera lógica (sí de manera intuitiva) y realizar operaciones mentales reversibles. El egocentrismo moral se refleja en la adopción y defensa de reglas impuestas por otros, la invariabilidad de las normas y la identificación de un error como una falta que debe ser castigada, por lo que es necesaria la búsqueda de un culpable. Por último, comienza la empatía, el ponerse en el lugar del otro.

Etapa operacional de 7 a 11 años: Se ha desarrollado la lógica y el niño puede hacer operaciones mentales reversibles con objetos presentes, es decir, reconoce que un objeto posee las mismas propiedades aunque cambie de forma (conservación), entiende la causalidad, funcionalidad y lo usa para resolver problemas. Desaparece el egocentrismo y puede contrastar diferentes puntos de vista sobre la realidad.

Etapa formal desde los 12 años: Las operaciones mentales se pueden realizar de manera abstracta sin que los objetos o las variables estén presentes. Se inicia el pensamiento teórico-científico, la deducción e inducción. Se afianzan del todo la lógica, la causalidad y la conservación. En la moral se parte de la heteronomía moral (las normas impuestas por otros) a la valoración y creación de valores propios (autonomía moral), a reglas que son producto de un acuerdo y que dependen de la interpretación (tienen excepciones). Además, las sanciones deben ser proporcionales a la falta y específicas.

Cabe destacar las aportaciones de Lev Vygostki que permiten otro punto de vista sobre la psicología de desarrollo infantil. Para Vygotski, los neonatos nacen con una serie de funciones mentales elementales (atención, sensación, percepción y memoria) que se transforman, con la interacción con la cultura y las personas de su entorno, en procesos/funciones mentales superiores nuevos y más complejos. Afirmó que la evolución de los procesos cognitivos sigue un espiral de aprendizaje que pasa una y otra vez por el mismo lugar pero en un nivel superior, y que está determinado por la zona de desarrollo próximo (el desarrollo o aprendizaje potencial o posible del niño al que puede llegar con tutorización y cooperación con iguales). El ejemplo más claro de la diferencia entre este enfoque y el de Piaget es el lenguaje. Mientras que Piaget afirmó que el lenguaje es un efecto secundario del desarrollo del pensamiento, y por lo tanto surge como su consecuencia, Vygostky afirmó que es el lenguaje lo que da lugar al pensamiento (el hablar con otros producía el habla interna).

Un tema especialmente importante en los primeros años de vida es la maternidad y el desarrollo del apego. La definición actual psicológica de maternidad la declara como un sistema de relación estrecha entre la pareja cuidador-hijo en la que todos los elementos de la interacción se sincronizan. Es decir, el cuidador (que puede ser cualquiera – no existe un instinto de maternidad) se ajusta a las demandas del bebé para detectar y anticipar las necesidades del niño. Esta interacción es el comienzo de la socialización y el primer lazo afectivo que dará lugar al desarrollo del apego. El apego es un vínculo afectivo que crea seguridad y confianza y que permite al niño explorar el entorno desde una base segura. Socializar un bebé es desarrollar el apego. Según John Bowlby existen cuatro fases en su evolución:

– De 0 a 3 meses existe una orientación positiva hacia todas las personas sin reconocimiento de las figuras cuidadoras.

– De 3 a 7 meses comienza una interacción privilegiada con las figuras familiares, aún sin rechazar a los extraños. Surge una sonrisa y un llanto diferencial con las figuras de apego reconocidas. Hay llanto cuando la figura de apego no se encuentra.

– De los 8 a los 24 meses se establece el vínculo afectivo con el cuidador y existe miedo ante los extraños. Se busca la proximidad y seguridad para las acciones exploratorias.

– De 24 meses en adelante, desarrollando el concepto de objeto permanente, existe menos dependencia y búsqueda de proximidad de los cuidadores para la exploración, pues el niño sabe que siguen en algún lado aunque no los vea.

A partir de esta descripción Mary Ainsworth creó una evaluación del apego llamada Paradigma del extraño. Sus resultados ofrecieron cuatro tipos de apego diferentes (que han recibido duras críticas – Chisholm los identifica como respuestas adaptativas).

– Apego seguro: Existe un vínculo establecido entre cuidadores y niño, que explora libremente en presencia de su figura de apego, se muestra inquieto ante las separaciones y desconocidos, y la busca cuando se siente apenado o quiere consuelo.

– Apego resistente: El vínculo es inseguro, el niño explora poco, sufre mucho ante separaciones y se comporta de forma ambivalente tras el reencuentro.

– Apego de evitación: El vínculo también es inseguro, el niño evita cualquier contacto con desconocido al igual que con su figura de apego. No sufre por las separaciones.

– Apego desorientado: El último tipo de vínculo inseguro, es una combinación del apego resistente y el de evitación.

Pubertad y adolescencia:

Ante la ley las personas son adultas desde los 18 años. Psicológicamente, se defiende que la adolescencia, que comienza con los 12-13 años, se extiende al menos hasta la mitad de la década de los 20 pues y que se dan dos cambios principales en las personas. En primer lugar, durante la pubertad, ocurre un conjunto de cambios físicos que transforman el cuerpo infantil en un cuerpo adulto con los caracteres sexuales secundarios desarrollados (aparición de pelo, aumento de músculos, crecimiento de pene, ensanchamiento de cadera, aumento de pechos, etc.) y capacidad de reproducción. En segundo lugar, ocurre la adolescencia, un periodo psicológico (causado por los cambios biológicos) caracterizado por la redefinición de la propia individualidad, la desvinculación afectiva de los padres, el acercamiento a iguales, el descubrimiento y la definición de la sexualidad, la valoración de la moral y de los valores aprendidos, y la definición y consolidación de los roles sociales y de género, y del propio lugar en ellos.

Bernice Neugarten afirma que el hecho de que la pubertad ocurra en un momento esperado genera menos estrés y dificultades en las personas que una pubertad temprana o tardía. En general, las consecuencias psicológicas son algo menos favorables para las chicas (se encuentran mayor irritabilidad, estados deprimidos) con frecuentes valoraciones negativas de los cambios, sobre todo con la maduración precoz (en cuyo caso también se observan mayor incidencia de  trastornos alimenticios, consumo de drogas, actividades delictivas o antisociales y relaciones sexuales precoces y poco planificadas). Los chicos, sin embargo, suelen valorarse de manera más positiva, aunque también aumentan las conductas antisociales y problemáticas. La pubertad tardía es peor recibida por los chicos que se ven en una situación de desventaja. Ésto por supuesto depende de las influencias culturales.

Respecto al desarrollo de la personalidad, muchos rasgos que se encuentran bastante definidos en los niños sufren una redefinición y un afianzamiento durante la adolescencia. Muchos trastornos relacionados con la personalidad tienen sus inicios en la adolescencia.

Igualmente, se redefine el autoconcepto (la imagen de las características que una persona tiene de sí misma). En los primeros momentos, esta compuesto por abstracciones (ideas) que integran algunas características relacionadas entre sí. Pero el adolescente aún no dispone del control cognitivo necesario para construir una imagen completa de sí mismo. Con el avance de la adolescencia se establecen las primeras conexiones entre abstracciones y rasgos de él estables. Luego, cuando la capacidad de organizar las abstracciones permite tener abstracciones de orden superior, es capaz de integrar sus pensamientos y características en un autoconcepto coherente (un yo real). Susan Harter destaca la posible creación de un falso yo, un comportamiento o una representación hacia fuera incoherente con el mundo interior del adolescente que se debe a un intento de agradar y ser aceptado por los demás.

La autoestima (valoración y afección ligada al autoconcepto) también sufre un cambio. Como dicho anteriormente, la valoración de sí mismo por las chicas suele ser más negativa que la de los chicos, sobre todo en los primeros años de la pubertad. Influencias positivas son una alta cohesión familiar, una percepción positiva por parte de los padres, padres afectivos, y el aprecio por los amigos.

Desde el punto de vista de la antropología y de la psicología social existe otro concepto relevante que sufre grandes cambios: la identidad (la suma del autoconcepto, la personalidad, las experiencias, los roles sociales adoptados y la presentación hacia fuera que distingue de los otros). Para Erik Erikson la adolescencia supone una crisis en la socialización y el desarrollo de la identidad, que puede resolverse positiva o negativamente, valorando la ya existente y/o buscándose una nueva propia o adoptando una del entorno. Su desarrollo depende en gran medida del entorno familiar y puede llevar muchos años:

– En familias democráticas, donde hay participación y un compromiso en las decisiones y que alientan a sus hijos a la exploración y el proceso de individualización, suele desarrollarse una identidad personal lograda. Esta se define por su firmeza y madurez, dándose personas más autónomas, con mayor autoestima y confianza, menos ansiedad y un estado emocional más positivo y estable.

– En familias autoritarias, donde la conducta y las normas son impuestas, suele desarrollarse una identidad hipotecada. Esta se caracteriza por consistir de creencias y normas impuestas por otros (por ejemplo, las tradiciones) sin haber pasado por un proceso de individualización. Da lugar a personas con rasgos positivos y negativos, como una alta autoestima y baja ansiedad, pero actitud conformista, obediente, rígida, dependiente y autoritaria.

– En familias permisivas, donde existe poco o ningún control y alta indeferencia en la relación de padres-hijo, también predomina la identidad hipotecada pero de índole permisiva. Asimismo, se suele encontrar una identidad de difusión que consiste en un estancamiento de la búsqueda de identidad o exploración, llegándose a ninguna búsqueda o compromiso. Ésta resulta ser la más desadaptativa y aparece asociada a trastornos psicológicos con niveles altos de ansiedad y síntomas depresivos.

– Por último, para completar el escenario de posibles identidades, se puede mencionar la identidad en moratoria, que no es nada más que la identidad durante el desarrollo (en el proceso de búsqueda y experimentación) y que suele partir de una identidad de difusión y se presenta antes de la adopción de la identidad lograda o hipotecada.

Otro factor importante que influye en la búsqueda de identidad es la cultura. La cultura occidental, de tendencia individualista, define a la identidad lograda personal como la mejor. Mientras que otras culturas como la oriental, defienden una identidad más colectiva.

Finalmente, en el tema de la moral y ética, cabe destacar, además del paso de la heteronomía a la autonomía (descrita al final de la primera y segunda infancia) y el desarrollo de la empatía, que con la llegada de la adolescencia incrementan o se intensifican los comportamientos prosociales y antisociales y delictivas. Los chicos suelen presentar acciones instrumentales de ayuda en situaciones peligrosas o arriesgadas, o pueden implicarse en actividades más graves y violentas. Las chicas suelen proporcionar apoyo verbal y emocional, mientras que por otro lado, se pueden presentar robos, fugas de casa o delitos de carácter sexual. Factores que median en estas variables son la supervisión y el control familiar, la comunicación con los padres y el rendimiento escolar. Bajo control, baja comunicación y fracaso escolar influyen mucho en los comportamientos delictivos.

Adultez:

En la edad adulta no suelen ocurrir grandes cambios en el individuo. Sin embargo, sí es importante que la concepción sobre la adultez en la psicología ha cambiado. Mientras que las corrientes tradicionales defendían la maduración psicológica, es decir que se crecía y desarrollaba hasta llegar a un óptimo (Piaget) y luego se empeoraría hasta morir, hoy en día en el modelo del ciclo vital se afirma que el cambio en la persona nunca para, ni sigue una sola dirección. Por lo tanto, siempre se puede desarrollar o empeorar capacidades, en múltiples direcciones, aprender y olvidar, cambiar de actitudes, personalidad e identidad. Ejemplo de ello son los resultados científicos sobre la plasticidad neuronal. Aunque la creación de neuronas nuevas sea mucho más lenta, existe. Además se crean y eliminan conexiones neuronales. Se puede aprender nuevas habilidades. Incluso muchas lesiones leves del sistema nervioso, por accidentes o depresiones, pueden llegar a curarse. En conclusión, la edad adulta se define por seguir en un continuo cambio y estar llena de posibilidades.

Vejez:

La vejez hace referencia a un periodo evolutivo caracterizado por la disminución lenta de diversas facultades (sobre todo biológicas) y el aumento de algunas otras (psicológicas).

A los 60 años se ha perdido alrededor del 70% de la visión y un 60% de la audición de sonidos agudos. La musculatura comienza a disminuir progresivamente desde los 30 años, siendo un 60% menor a los 80, si se lleva una vida sedentaria. La densidad de los huesos disminuye desde los 40, en especial por sedentarismo, el consumo de tabaco y café, y deficiencias nutricionales. En el sistema cardiovascular disminuye la capacidad de contracción/relajación del corazón, y aumenta la hipertensión y esclerosis (la rigidez y el cierre) de los vasos sanguíneos. Respecto al cerebro y el sistema neuronal, se estima que se pierden unas 100.000 neuronas al día, especialmente en la corteza cerebral y el hipocampo (donde está la memoria, con lo que disminuye la memoria de caras, la prospectiva y la episódica), quedándose un 25% al final de la vida (se compensa parcialmente con la plasticidad neuronal por creación de neuronas nuevas y establecimiento de más conexiones). Igualmente disminuyen los neurotransmisores. En el lenguaje se mantienen los niveles fonológico, léxico y sintáctico, pero disminuyen el nivel semántico (lo que se compensa con circunloquios) y la fluidez verbal (compensada por vocabulario). Todos estos cambios no suelen dificultar la vida cotidiana.

Especial importancia tienen las enfermedades debidas a las carencias o sobredosis de nutrientes y el sedentarismo, como la diabetes, hipertensión e hipercolesterolemia crónica o la osteoporosis. También hay mayor incidencia de cáncer y de enfermedades neurodegenerativas.

En general se recomienda la realización de ejercicio aeróbico durante varios días a la semana (fortalece el tejido muscular, crea osteocitos y entrena la capacidad cardiorrespiratoria), una dieta equilibrada rica en vitaminas B y D, minerales y suficientemente agua (1,5 a 2 litros diarios) pues la sensación de sed se pierde con la edad, y ejercicio mental para mantener las conexiones neuronales.

Entre los cambios positivos encontramos una mejora en la capacidad de juicio, razonamiento y mayor riqueza de vocabulario. Mayor estabilidad económica y un equilibrio alto en el nivel de satisfacción con la vida.

Especial relevancia tienen diversos acontecimientos de riesgo que pueden llevar a crisis personales. Por ejemplo, se observa el síndrome de nido vacío cuando los hijos dejan el hogar y la identidad (y el sentido de la vida) de los padres se tiene que redefinir. A menudo, la llegada de nietos reemplaza esta función. También es importante la muerte de la pareja, el abandono y la falta de apoyo por la familia o una enfermedad grave y la necesidad de cuidados.

Existen diversos tests para evaluar las necesidades físicas, psicológicas y sociales de las personas mayores: Las escalas Barthel y Lawton-Brody se centran en la dependencia y la capacidad para realizar actividades de la vida cotidiana. Los tests de Pfeiffer y Yesavage evalúan el rendimiento cognitivo (posible demencia) y el mundo emocional. Los cuestionarios de Filadelphia y Gijón analizan la satisfacción social y los recursos sociofamiliares.

Concluyendo, a pesar de los efectos aparentemente negativos, es necesario ver el envejecimiento desde un punto de vista positivo, fomentando el desarrollo de las nuevas etapas de la vida y sacar el mayor provecho posible del mundo psicológico, emocional, social y también sexual. Hay que envejecer de manera sana y enriquecida.

Referencias:

– La información esencial sobre la primera y segunda infancia, la maternidad y el apego ha sido abstraída de apuntes del Profesor de la Universidad de La Laguna Esteban Torres Lana, y completada con el libro Psicología del Desarrollo. Volumen 1: Desde el nacimiento a la primera infancia de Corral, A; Delgado, B; García, M; Giménez, M. y Mariscal, S; 2008. Ed: McGraw-Hill

– La información esencial sobre la pubertad y adolescencia ha sido abstraída de apuntes de la Profesora de la Universidad de La Laguna Elena Conde Miranda.

– La información esencial sobre la vejez ha sido abstraída de apuntes del Profesor de la Universidad de La Laguna Pedro Javier Castañeda García.

– Los apuntes han sido elaborados por Sabrina Martín Marrero y complejatos por mí.

Reproducción, embarazo y parto

La reproducción sexual es el proceso en el que se combina el ADN masculino con el femenino para crear un organismo o ser vivo nuevo.

Después de desarrollar y madurar los aparatos reproductores en la pubertad, los seres humanos crean copias con la mitad de su ADN en forma de espermatozoides (de los testículos) en los hombres y de óvulos (de los ovarios) en las mujeres. Cuando tras un acto sexual y la eyaculación un espermatozoide se combina con un óvulo se crea una primera célula con un ADN completo (la fecundación). Según la combinación del ADN existe una predisposición de desarrollar el sexo masculino o no (cromosomas XX o XY). Esta célula se divide múltiples veces durante los nueves meses siguientes del hasta el nacimiento del neonato o parto.

Las fases principales del desarrollo humano en el embarazo son las siguientes:

Desde la fecundación hasta la octava semana del embarazo la masa celular del embrión se multiplica considerablemente y se pliega sobre sí mismo, formándose tres capas celulares: Ectodermo, Endodermo y Mesodermo. Hasta la séptima semana todos los embriones son femeninos, pues es entonces cuando las gónadas (los aparatos reproductores), en el caso de tener predisposición masculina (XY), se diferencian en testículos y comienzan a segregar andrógenos.

Desde la octava semana el embrión es llamado feto. Hasta el nacimiento ocurren dos eventos principales: Primero, si es masculino, los andrógenos inducen el desarrollo de las estructuras reproductoras masculinas (crece el pene, etc.). Si es femenino y/o hay ausencia de andrógenos, se desarrollan los ovarios desde la doceava semana y se forman las estructuras reproductoras femeninas (útero, etc.). En segundo lugar, continúa la evolución del feto hasta el parto, terminándose de diferenciar la piel, el sistema nervioso y el cerebro desde ectodermo, los órganos internos del endodermo, y los músculos, huesos, el tracto digestivo y el sistema cardiovascular del mesodermo.

Es importante tener en cuenta que el desarrollo del embarazo y del neonato dependen, por un lado, de los factores genéticos de los padres, y, por otro, de factores externos. Existen diversas enfermedades que tienen su origen en problemas de herencia o mutaciones (cambios en el material genético) como cáncer temprano, Síndrome de Down, Tay-Sachs u otros. Y, mientras que existen pruebas para detectar estos problemas a tiempo, existen otros trastornos de detección mucho más complicada que se deben a factores externos como estrés elevado, consumo de drogas, una mala nutrición o factores ambientales como venenos o cancerígenos que pueden tener un gran impacto en el desarrollo neurológico, y por tanto psicológico, del neonato. Así por ejemplo, el mismo parto puede ser un evento muy estresante para ambos, la madre y el neonato. Especial atención requieren el posible desarrollo de la depresión postparto (el rechazo del bebé) en la madre y complicaciones durante el nacimiento como el uso de fórceps, hipoxia (falta de oxígeno en el neonato – evaluación por el Test de Apgar), nacimientos prematuros o un peso bajo.

En el caso de nacimientos prematuros se ha observado que los neonatos tienen diversos problemas en sus primeros años de vida que hasta alcanzar la adultez suelen desaparecer. Poseen mayores dificultades para integrar información compleja, peor reconocimiento lógico y orientación espacial, inestabilidad emocional y mayor sensibilidad a cambios sociales. Todo esto puede afectar de manera negativa a la autoestima y el autoconcepto.

Referencias:

– La información esencial del embarazo, parto, los factores externos y los nacimientos prematuros ha sido abstraído de apuntes del Profesor de la Universidad de La Laguna Esteban Torres Lana.

–  Los apuntes han sido elaborados por Sabrina Martín Marrero y completados por mí.